Neofascismo y extremismo

No es asunto únicamente de calificar este fenómeno como de uno y otro signo ideológico sino que en efecto está ocurriendo y se debe impedir y evitar.

En distintos lugares de Europa, en particular recientemente en Italia el pasado día 10 de octubre, se han producido actos y manifestaciones preocupantes por parte de grupos del llamado Neofascismo hecho que obliga no solamente a la reflexión de Italia, de Europa en este momento sino del mundo en general.  

Este suceso en Roma en ocasión a la agresión por parte de estos grupos radicales contra la sede de la Confederación Italiana de Sindicatos de Trabajadores, CGIL, así como lo que ha ocurrido en otros lugares y momentos, plantea el debate sobre cómo estos sectores de inspiración nacionalista y totalitaria, de carácter violento y extremista -que no son exclusivos desgraciadamente de distintas corrientes ideológicas tradicionalmente denominadas derecha o izquierda-, están evidenciándose en el medio político amenazando y contrariando los objetivos fundamentales de las sociedades democráticas: la existencia relaciones, obligaciones, mecanismos y prácticas de convivencia y tolerancia; la aceptación de la pluralidad; de la dignidad del ser humano; la participación de todas las corrientes políticas en la vida ciudadana con garantías verdaderas. 

No es asunto únicamente de calificar este fenómeno como de uno y otro signo ideológico sino que en efecto está ocurriendo y se debe impedir y evitar. 

Parte de estos grupos como aquellos que en el pasado reciente de Europa fueron impulsados por Hitler o por Mussolini, se apoyan en el descontento popular durante períodos de crisis social y económica, de derrota militar, así como también cuando los países no logran sostener un equilibrio justo consentido y apreciado de tendencias e intereses internos. 

Es por ello que resulta necesario en las sociedades actuales la buena y eficiente actuación institucional; la necesidad de que se refuerce el entendimiento y el equilibrio político; que los partidos de centro se promuevan y consoliden; que exista un verdadero diálogo y entendimiento nacional; que la sociedades aprecien que la democracia real existe y cómo en ellas se aseguran las libertades y surge el bienestar social. 

El extremismo político, religioso, cultural y otros en cualquiera de sus formas, está amenazando a la sociedad contemporánea. En la medida que las crisis financieras se producen y la falta de una buena gestión política y económica por ejemplo se produce, el malestar social se multiplica y se fomenta el surgimiento de tendencias radicales que contribuyen a agravar los escenarios nacionales e internacionales. 

Los errores de gobiernos socialistas en Europa y América, por ejemplo los casos de España y de Brasil, han determinado que grupos de extrema derecha se refuercen y que alcancen inclusive electoralmente mejores posiciones en procesos electorales municipales y parlamentarios. 

Por su parte, en el mundo islámico la presencia de distorsionantes grupos radicales como es el caso reciente de Afganistán, crea un escenario complejo que involucra un retroceso social y cultural que contradice valores no sólo occidentales sino del mismo proceso modernizador que en estos países han vivido a favor de los derechos de la mujer, de los trabajadores, de los estudiantes y otros grupos en general. 

Ante esta situación las fuerzas democráticas deben responder concientizando a la sociedad, afirmando sus principios y sus prácticas, movilizando la respuesta a favor de las libertades, los derechos humanos, el equilibro en general que garantiza en definitiva una participación igualitaria, constructiva y plural de la sociedad más acordes con el verdadero avance del mundo actual.  

En tal sentido, Europa. América y el mundo en general, no pueden olvidar los graves conflictos militares, políticos, raciales, de seguridad y humanitarios que han surgido como consecuencia de los extremismos con consecuencias terribles en la historia local y universal. 

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