José Félix Díaz Bermúdez
Cuando ese genio de la ciencia que se llamó Alejandro de Humboldt (1769-1859), a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, visitó el territorio de las Indias autorizado por el gobierno español, estuvo en Venezuela para iniciar el significativo descubrimiento de nuestra naturaleza, acontecimiento que rememoró en el año de 1828 a través de una obra que en versión francesa denominó: “Tableaux de la Nature” (“Cuadros de la Naturaleza”), en la cual exponía muchas de las maravillas de esta parte del mundo.
En su admirable prólogo, suerte de superior evocación, expresaba todo lo que para él representó haber estado en las: “… selvas del Orinoco y en las sabanas de Venezuela…”, en un continente que se mostró ante él en todo su esplendor y en tal razón fue descrito y apreciado para el conocimiento de la ciencia.
Su mirada sobre el territorio venezolano y americano no podía limitarse a una observación aislada y parcial de sus aspectos físicos y geográficos sino también a: “…la profunda contemplación de la naturaleza, la demostración de la acción simultánea de sus fuerzas, la descripción de los goces siempre nuevos que la presencia de sus imponentes paisajes procura al hombre sensible…”.
En su interés por nuestro territorio destacó Humboldt la idea de no solo tomar fragmentos aislados de sus contemplaciones sino formar: “…un todo…”, útil para la ciencia de su época, útil para nosotros mismos siglos después para comprender lo que esta tierra significa y sus extraordinarias potencialidades humanas y materiales.
En contraste con aquella significativa descripción que realizó de la parte norte de Venezuela en la que encontró hermosas ciudades y campos cultivados, destacó Humboldt: “…el gusto por las artes, el cultivo de las ciencias y el amor a la libertad civil…” en el lugar que, en definitiva, fue el germen transformador del continente; apreció también el sabio alemán la grandeza de nuestras llanuras; advirtió y admiró nuestras selvas impenetrables, formadas por miles de años de evolución y, en especial, el Orinoco que compartía aquella: “…región húmeda…” con al Amazonas.
No solo observó la riqueza de su vegetación, el clima, el terreno, su fauna, su cielo, sino a sus gentes, aquellos pueblos nómadas que vivían de la naturaleza y que, a pesar de no poseer conocimientos de la agricultura, y haber vivido en un medio tan salvaje, estaban dotados: …de inteligencia y de las costumbres más dulces”.
No cabe duda que su misión permitió descubrir para la ciencia lo que significaba aquella América e Meridional Española, y al estampar una visión general de ese territorio desde Caracas y hasta el oriente nuestro, al hacer referencia a los territorios que se encontraban en la ribera izquierda del Orinoco: sus montañas, sus cataratas, sus corrientes, y que denominó como la Sierra Parima, nombró expresamente: “…las fuentes del río Esequibo y del río Branco hacia las Guayanas francesa, neerlandesa e inglesa…”, alusión importante, a nuestro juicio, porque allí en aquellos lugares estaba obviamente en territorio de España y más allá los de otros países, lo cual puede considerarse una referencia limítrofe.
Al comparar, por ejemplo, la naturaleza de algunos territorios de Mongolia y de China con ciertos lugares del Orinoco, concluyó Humboldt, que nuestra vegetación era más rica.
La geografía, la fauna, el territorio, poblaciones del entorno a nuestro río principal fueron estudiadas con provecho y esmero por el naturalista inclusive realizando aspectos comparativos con otras regiones del planeta.
La exacta medida y la comunicación del Orinoco con la cuenca amazónica tiene su base en la exploración y el descubrimiento de Alejandro de Humboldt. Remontó sus aguas; pasó por los raudales de Maipures y Atures; se acercó a las fuentes del magno río; bajó por sus crecidas hasta Santo Tomé de Guayana; realizó resaltantes aportes a la cartografía del lugar y de otros ríos que con aquel se conectaban, así como observó su fuerza y su carácter como portento de la naturaleza que nos pertenece e identifica como símbolo material y espiritual de nuestra patria.
(Tomado de El Universal, 27/09/2026)






Esta entrada tiene 2 comentarios
Excelente artículo.
Saludos y muchas gracias María por tu amable comentario.