(Versión en Portugués y en Español)
José Félix Díaz Bermúdez
Estamos testemunhando, neste momento singular na América Latina, um realinhamento das forças políticas no continente. Por meio de eleições democráticas em cada país, essas forças se alinham em torno de governos de orientação liberal, fato que se consolida particularmente com o que se espera que aconteça no Brasil em poucas horas: a eleição do candidato da oposição, Flávio Bolsonaro, que, segundo todas as previsões, será o próximo presidente desse importante país.
Se olharmos para o sul, com exceção da Venezuela, Nicarágua, Cuba e outros, todo o mapa regional foi politicamente transformado em relação ao que foi uma década construída sob a influência do chamado “Socialismo do Século XXI”. Na prática, esse modelo degenerou em estruturas autoritárias, populistas, ineficientes e personalistas que não conseguiram alcançar, estender e assegurar, até o momento, processos de crescimento real, desenvolvimento sustentável e bem-estar genuíno para as maiorias nacionais.
A integração do Brasil, Argentina, Chile, Paraguai, Bolívia, Uruguai, Peru, Equador e Colômbia em governos liberais representa 85% do território total da América Latina; de 60% a 65% de sua população total; e entre 65% e 67% do Produto Interno Bruto (PIB) de toda a América Latina. Se sua estrutura política e econômica organizada e coordenada se consolidasse, eles ocupariam o segundo lugar no hemisfério, depois dos Estados Unidos, em termos de PIB nominal, superando o Canadá e o México juntos.
Politicamente, representaria uma força significativa para a democracia, particularmente na América do Sul, com a capacidade de ação demonstrada pelos governos recentemente eleitos. Internacionalmente, poderia representar uma liderança interna adicional e complementar, com voz própria e conhecimento direto da nossa realidade, além daquela dos Estados Unidos.
“A integração depende da democracia”, como tão apropriadamente afirmou o ex-presidente Rómulo Betancourt. A esse respeito, o historiador americano Arthur Schlesinger Jr. declarou com autoridade: “A história, sem dúvida, considerará a presidência de Rómulo Betancourt na Venezuela como um marco na longa luta pela democracia nas Américas”. Dadas as origens comuns desses governos liberais que, em grande parte, assumiram o poder na América Latina, seus programas e exigências semelhantes, e tendo vivenciado, em grande medida, os mesmos processos diante de sistemas de esquerda na região, acusados de ineficácia, corrupção inaceitável e declínio de credibilidade, agora, se assim o desejarem — como é seu dever político, ético e legal, segundo a Carta Democrática Interamericana (2001, Lima) —, podem contribuir para promover sua recuperação e permanência como um sistema válido e atual de vida, direitos, liberdades e convivência social. Nesse sentido, a formação desse bloco não pode ser dissociada da responsabilidade de defender seus valores, sua adequação, sua utilidade e a necessidade de formar e assegurar a presença de governos liberais na América Latina. Governos honestos, justos e legítimos que reconheçam os direitos dos povos, as liberdades sociais ao lado das liberdades econômicas; a prosperidade individual ao lado da prosperidade comunitária; a confiança de que o investimento necessita, juntamente com a segurança jurídica e social em cada um dos nossos países, como resultado de políticas sérias, bem concebidas e administradas que promovam o investimento de capital público e privado, mas, ao mesmo tempo, a justiça social, uma economia saudável que gere emprego, saúde, educação, desenvolvimento de talentos e prosperidade sustentável, ecológica e humana para toda a sociedade.
De 2010 a 2020, a economia latino-americana declinou significativamente, mesmo antes da pandemia de Covid-19, registrando taxas de crescimento abaixo de 1%. Da mesma forma, embora alguns indicadores tenham apresentado melhora entre 2020 e 2025, o período foi marcado por baixa produtividade e indicadores sociais negativos a partir de 2014 na maioria dos países.
Este novo Bloco Democrático do Sul (que sem dúvida se consolidará tanto de fato quanto formalmente), ao qual se somam presidentes recém-empossados, tem defendido consistentemente a posição favorável ao processo de transição na Venezuela; o retorno dos venezuelanos e seus líderes à pátria com plenas garantias; a libertação dos presos políticos e uma anistia genuína; e a necessidade de uma oposição reconhecida, respeitada e atuante. A renovação e o fortalecimento das instituições, bem como a inegável liderança, representatividade e prestígio internacional que todos reconhecem em María Corina Machado, laureada com o Prêmio Nobel da Paz de 2025, e a necessidade de uma genuína convivência política em um país que, no passado, foi exemplo de virtudes e conquistas políticas, econômicas e sociais em todo o continente.
jfd599@gmail.com
El Bloque Democrático del Sur
José Félix Díaz Bermúdez
Desde el año 2010 y hasta el 2020, la economía de América Latina disminuyó significativamente antes incluso de la pandemia del Covid 19, registrando cifras de crecimiento inferiores al 1%
Estamos asistiendo en este momento latinoamericano singular a un replanteamiento de las fuerzas políticas en el continente que, por elecciones democráticas en cada uno de los países, se alinean en torno a gobiernos de orientación liberal, hecho que consolida de manera particular con lo que en pocas horas es previsible que ocurrirá en Brasil: la elección del opositor Flávio Bolsonaro, según todos los pronósticos, el próximo Presidente de ese importante país.
Sí miramos al sur con la excepción de Venezuela, Nicaragua y Cuba y otros, todo el mapa regional se transformó políticamente de lo que fue una década construida bajo la influencia del llamado “Socialismo del Siglo XXI”, que en la práctica, degeneró en modelos autoritarios, populistas, ineficientes y personalistas que no logró alcanzar, extender y asegurar hasta la fecha, procesos de crecimiento real, desarrollo sostenido, verdadero bienestar para las mayorías nacionales.
La integración de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Perú, Ecuador y Colombia como gobiernos liberales representa el 85% del total del territorio de América Latina; el 60 al 65% del total de su población y entre el 65% y 67% del Producto Interno Bruto de toda la América Latina. De consolidarse su estructura política y económica organizada y concertada, ocuparía luego de los Estados Unidos, el segundo lugar en el hemisferio con mayor PIB nominal por encima de Canadá y México juntos.
En lo político, representaría en particular en Suramérica una fuerza significativa a favor de la democracia con capacidad de acción avalada en en gobiernos de reciente elección y que lo internacional, pueden representar un liderazgo interno propio adicional y complementario con voz propia y conocimiento directo de nuestra realidad al de Estados Unidos.
“La Integración pasa por la democracia”, tal y como lo expresó con sapiencia política el expresidente Rómulo Betancourt. Sobre el mismo el historiador norteamericano Arthur Schlesinger Jr, expresó con autoridad lo siguiente: “La historia incuestionablemente mirará la presidencia de Rómulo Betancourt en Venezuela como una piedra miliar en la larga faena de la democracia en las Américas”.
Siendo común el origen de estos gobiernos liberales que han asumido mayoritariamente el poder en América Latina, similares sus programas y requerimientos, habiendo vivido en buena parte los mismos procesos frente a los sistemas de izquierda en la región acusados de ineficacia, inadmisible corrupción, deterioro de su credibilidad, ahora, si se lo propusieran como es su deber político, ético y jurídico conforme a la Carta Democrática Interamericana (2001, Lima) vigente, pueden contribuir a impulsar la recuperación y permanencia de la misma como sistema válido y vigente de vida, derechos, libertades y convivencia social.
En este sentido, la constitución de este bloque no puede desligarse de la responsabilidad de defender sus valores, su idoneidad, su utilidad, la necesidad de formar y asegurar la presencia en América Latina de gobiernos honestos, justos y legítimos que reconozcan los derechos de los pueblos, las libertades sociales junto a las libertades económicas; la prosperidad individual junto a la comunitaria; la confianza que necesita la inversión junto a la seguridad jurídica y social en cada uno de nuestros países como consecuencia de políticas serias, bien concebidas y administradas que fomenten la inversión del capital privado y público pero, al mismo tiempo, la justicia social, una economía sana que genere el empleo, la salud, la educación, la formación del talento y la prosperidad sostenible y ecológica y humana de toda la sociedad.
Desde el año 2010 y hasta el 2020, la economía de América Latina disminuyó significativamente antes incluso de la pandemia del Covid 19, registrando cifras de crecimiento inferiores al 1%. De la misma manera, aun cuando mejoraron algunas cifras entre el 2020 al 2025, el período registró una productividad deficiente e índices sociales negativas a partir del 2014 en la mayoría de las naciones.
Este nuevo Bloque Democrático del Sur (que indudablemente se formará de hecho y formalmente) y al cual se adicionan nuevos presidentes de reciente designación, ha respaldado de manera sostenida la postura a favor del proceso de transición en Venezuela; el regreso al país de los venezolanos y sus dirigentes a su Patria con plenas garantías; la libertad de los presos políticos y la existencia de una verdadera amnistía; la necesidad de la oposición reconocida, respetada y actuante; la renovación y fortaleza de la institucionalidad, así como también el indudable liderazgo, representatividad y prestigio internacional que todos reconocen a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, y la necesidad de la existencia de una verdadera convivencia política en un país que, en el pasado, fue ejemplo de virtudes y logros políticos, económicos y sociales en todo el Continente.
(Tomado de El Universal, Venezuela, 25/10/2026)
(Imagen principal tomada de Politikmnte)





