José Félix Díaz Bermúdez
Sí algún derecho es superior, inobjetable y sagrado entre los principios ciudadanos y que cada uno de nosotros tenemos como hijos de Venezuela. es el de poder volver a la patria.
¡La Patria…! la patria en que nacimos; la patria en que vivimos; la patria que nos es entrañable; la patria que es nuestra esencia y a la cual no podemos renunciar; la patria que la misma para unos y para otros y que sólo la ingratitud y la injusticia nos puede intentar arrebatar del alma y del corazón.
No hay ninguna razón ni potestad que nos obligue a renunciar a lo que somos: venezolanos en el más alto y profundo sentido: ciudadanos de la urbe mayor o del más alejado de los campos; pobres o ricos; ignorantes o cultos; blancos, negros, morenos o indios; afectos a cualquier ideología, a cualquier credo, porque la libertad del ser humano y más en esta patria que ha luchado por ella, es el fundamento de nuestra historia y consustancial con nuestro ser.
Empiezan a regresar los que se fueron y que, por diversas razones, se vieron obligados a ello. Nada de lo que nos espere en el futuro, nada ni nadie bajo ningún pretexto, debe colocarnos en la extrema necesidad de tener que dejarlo todo atrás por no poder vivir en nuestra tierra en paz, con dignidad, con trabajo, con seguridad, con libertades y derechos de todo género, reconocidos y aceptados en todo lo que somos y sentimos.
El pasado nos ofrece lecciones que no hemos aprendido y repetimos, continua y obstinadamente, los peores errores.
Como parte de nuestros actos y hechos nacionales, aquella Venezuela que nació separada de Colombia en 1830, dictó el trascendente decreto del 26 de junio de ese año: “Integrando en sus derechos a los presos o expulsados por opiniones políticas”, y en apenas tres artículos simples, claros, directos, generales, sin sofismas y engaños, declaró lo siguiente:
“Art 1. Que todas las personas que se hallen presas o detenidas en el territorio de Venezuela por los acontecimientos políticos que han tenido lugar en la Nueva Granada desde que se disolvió la Convención de Ocaña hasta el 26 de noviembre último, sean puestas inmediatamente en libertad”.
“Art. 2. Que todas las personas que por haber tenido alguna parte en dichos acontecimientos, o por opiniones políticas fueron expulsados del territorio de Venezuela, pueden restituirse inmediatamente a él, reintegrándose tanto a estas, como a aquellas en el goce de todos sus derechos”.
Intenciones, decisiones, verdaderas, auténticas, transparentes, ciertas que vuelven a expresar y demostrar en nuestra historia que la libertad es inmediata y que cada quien tiene el derecho de expresar su palabra y defender su idea. “La verdad sea dicha…” como tantas veces repetía el Quijote y su escudero fiel.
Ese Congreso de Valencia que dio origen en buena parte a esta Venezuela que conocemos luego de la Independencia, tuvo también la virtud de proclamar, el 06 de agosto del mismo año, las Garantías de los Venezolanos, entre las cuales destacaron; la libertad civil; la seguridad individual; la propiedad; la casa (el hogar) como: “un asilo inviolable”; el secreto de los papeles individuales; la libertad de pensamiento y de publicación de las opiniones, y otro que ha pasado desapercibido tantas veces y que señala que ningún individuo o asociación puede: “…abrogarse la calificación de pueblo…”. Falta, atentado, vulneración que hemos cometido tantas veces al haber dividido al país y establecido diferencias indebidas entre nosotros: patriotas unos y apátrida los otros, infeliz expresión, inadmisible en el futuro.
Hemos tenido leyes, decretos, constituciones que han establecido y proclamado los más sabios principios y cuántas veces los hemos vulnerado al capricho de nuestras absurdas disensiones bajo la autoridad de un déspota, opuesto para nuestra desgracia a la voluntad y al derecho general de la Nación.
Ese Congreso de Valencia, sin embargo, cometió un acto vergonzoso, producto de las ambiciones desmedidas, la ingratitud y la traición de haber prohibido expresamente al Libertador Simón Bolívar su regreso a la patria.
Ante tal precedente, no podemos seguir cometiendo ahora o después entre nosotros la misma falta, la misma negación contra ninguna persona que legítimamente y con plenos derechos para hacerlo, decida regresar a Venezuela en ejercicio de sus libertades civiles y políticas, hecho aberrante ese del pasado en contra Bolívar y que otra vez cometido contra otra persona empeñaría el nombre, la credibilidad, la convivencia del país y nos colocaría en la más lamentable e insegura situación nacional e internacional.
Esta patria de ahora ha perdido la cuarta parte de su población que ha salido de manera forzosa por las insostenibles condiciones de vida que ha sufrido; que ha estado dividida y enfrentada al conflicto de unos contra otros; que ha escuchado y enrostrado las peores descalificaciones para separar y destruir política, moral y afectivamente al pueblo, esa patria de ingratitud e insultos, de separación y rompimientos, no puede repetirse en el futuro cada vez que nos impulse la intolerancia, el odio, la ignorancia y el apetito de poder.
La justicia, el derecho, la educación, las convicciones democráticas, la Constitución como guía y mandamiento, la verdadera institucionalidad, deben prevalecer y sustituir todo lo que nos ha dividido y enfrentado a diferencia de otras épocas en las cuales prosperamos y convivimos, y Venezuela fue una patria abierta y generosa, la esperanza para tantos que llegaron y progresaron lícita y sostenidamente entre nosotros.
El derecho a regresar de todos los venezolanos que salieron por sus opiniones y posiciones políticas debe ser absolutamente reconocido sin excepciones. Sus vidas y sus garantías deben ser absolutamente reconocidas y respetadas. Deben volver todos los que quieran para que Venezuela se reencuentre, se reconozca y se desenvuelva plenamente como una Nación civilizada, que asume sus gravísimos problemas y que rectifica como debe hacerlo porque así lo demanda el futuro de su pueblo.
El regreso de los exilados políticos es necesario para que Venezuela se reconstituya y se agrupe bajo verdaderos principios de unidad nacional, libertades reconocidas y verdadera vigencia de la democracia.
Todos tienen derecho a volver y, además, tal y como lo consagra el derecho universal a no ser perseguidos, a ser respetados en su dignidad y ejercer con garantías todos sus derechos, tal y como lo ordenan sin excepción los más relevantes Convenios y Tratados, las más importantes declaraciones políticas y nuestra Constitución.
Volverán los dirigentes, los líderes, las lideresas, los activistas que quieran retornar, es su derecho inobjetable, para vivir y para actuar tal y como corresponde a una sociedad democrática, libre y soberana. Tienen que volver los hijos que perdimos tantas y tantas familias en el desesperado intento de subsistir por no haberles ofrecido las oportunidades que merecen.
La patria, la verdadera patria, no puede seguir teniendo excepciones y exclusiones. Qué el espíritu noble y generoso de Venezuela se imponga y que la libertad se reconozca como corresponde en una patria que ha sufrido tanto pero que, al mismo tiempo, para nosotros, es la mejor de todas por buena, hermosa y generosa.
Estar, vivir, volver a la patria y morir en ella, es el más sagrado derecho que tenemos los venezolanos, y quién a ello se oponga, deshonraría lo mejor de nuestra idiosincrasia y la voluntad nacional.
Venezuela, es una mujer que regresa cada vez que pensamos en ella y que no podemos olvidar.
jfd599@gmail.com
(Tomado de El Universal, 04/10/2026)






Esta entrada tiene 2 comentarios
Excelente resumen razonamiento de nuestra realidad.Que asi sea, Venezuela necesita su gente de regreso 🙏🏼
Muchas gracias Dinorah, así debe ser por el bien del país. Un abrazo.