Septiembre 11

José Félix Díaz Bermúdez

Recordar el 11 de septiembre, los ataques a las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, al Pentágono en Washington y la caída del vuelo suicida en Shanksville, hace ya 20 años, nos presenta uno de los episodios más dolorosos de nuestro tiempo.
El hecho criminal dejó tres mil víctimas inocentes ante un mundo estupefacto que observó aquella mañana como los aviones impactaban contra los edificios asemejando una gran bomba que hizo estallar los vidrios y fundir el metal. Aquellas voces desesperadas que en sus últimos minutos se despedían de sus familias a sabiendas que iban a morir. Fue como nunca se había presenciado la muerte global más atroz.
No hubo lugar del mundo que no observase aquel hecho insólito y no condenase el acto sin razón cometido. 
La acción del terrorismo donde sea que ocurra en cualquier tiempo, contra cualquier persona sin justificación que lo autorice, resulta inadmisible.
La defensa de causas irracionales, la existencia de posturas fanáticas a nombre de una religión, del patriotismo, de la política, de la cultura no es sino ejecutar a nombre de una falsa justicia un crimen mayor.

El 11 de septiembre avergonzó a los verdaderos conocedores del Islam, condenó a sus autores, desautorizó cualquier idea de reivindicación. 
Vulnerado y adolorido el pueblo norteamericano que por primera vez en épocas recientes veía amenazado su territorio no hizo sino reaccionar, elevar su moral, demostrar en el sacrificio y el esfuerzo de sus servidores, el ejemplo de sus socorristas, policías, médicos, cómo se levanta una nación, cómo se erige un pueblo.
Al final el ataque desacreditó a sus autores y causó que Estados Unidos creasen mecanismos que le han permitido estar más seguros y no se ha podido realizar un acto similar.
El terrorismo es un delito que cuenta con la condenación universal. Las ideologías extremas demostraron sus faltas. La reacción de la ONU y el Consejo de Seguridad fue inmediata. Nuevos esquemas de defensa se adoptaron: la cooperación de los países amenazados se reforzó; la autoridad religiosa islámica rechazó los atentados dejando a salvo el sentido de su doctrina que no avala tales actos. 
El hecho autorizó nuevos escenarios de guerra contra los grupos terroristas en diversas partes del mundo. La presencia de la OTAN en Afganistán, la caída de Saddam Hussein, la muerte de Osama bin Laden, entre otras medidas, permitió nuevos escenarios del conflicto internacional.
Estados Unidos demostraron su capacidad interna y exterior; reforzaron su solidaridad, su sentido de unidad; el desarrollo de estrategias y capacidades tecnológicas que han modificado los medios de respuesta y de acción.

Foto autor Jesse Mills

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