Santísima Virgen María

María es nuestra Madre espiritual y lo es por serlo de Jesús, de manera que su amor se multiplica entre todos y nos revela San Alfonzo citando a los Sagrados Cantares que: “Es tu vientre como montoncito de trigo cercado de azucenas”

En la reflexión cristiana sobre el significado profundo, armonioso, eterno del misterio sagrado de nuestra fe, la presencia de la Virgen María alcanza connotaciones especiales, viene a ser junto a su hijo Jesús la respuesta, la esperanza, la verdad que nos entrega Dios.
Diversas iglesias aún exponen algunas discusiones religiosas acerca del significado de María en la salvación, en su relación con Jesús, tratando de definir su transcendencia en la obra y la misión del Señor.

Para nosotros los católicos no hay dudas acerca de ella: María es la madre de Cristo y Cristo no puede ser el mismo y justificarse sin María. Desde antes, desde el día singular de aquel nacimiento en Belén, que en poco tiempo celebraremos muchos, ella estaba en los planes divinos como esa mujer extraordinaria y escogida de quien provino por obra de Dios todo, su sagrado hijo Jesús. En su espíritu, su carne, su sangre, su luz y verdad maravillosa, se ha cumplido la gracia en plenitud.
En tal sentido, es muy cierto lo que escribió san Alfonzo María de Ligorio en su obra: “Las Glorias de María” en la cual justifica a la Madre de Cristo como Reina al lado de su hijo; Madre de misericordia como alivio nuestro; protectora de los más necesitados para nuestro consuelo; auxilio perpetuo nuestro a la hora de grandes necesidades.
El referido santo nos explica con gran lucimiento que: “Si el Hijo es Rey, dice san Atanasio, con toda razón la Madre debe tenerse por Reina y llamarse Reina y Señora”, y apunta: “Desde que María, añade san Bernardino de Siena, dio su consentimiento aceptando ser Madre del Verbo eterno, desde ese instante mereció ser la reina del mundo y de todas las criaturas”.
Finalmente, de manera esencial, indica: “Si la carne de María, reflexiona san Arnoldo abad, no fue distinta de la de Jesús, ¿cómo puede estar la madre separada del reinado de su hijo? Por lo que debe pensarse que la gloria del reinado no sólo es común entre la Madre y el Hijo, sino que es la misma”.
Al mismo tiempo, le atribuye san Alfonzo otras connotaciones extraordinarias y grandiosas: María es nuestra Madre espiritual y lo es por serlo de Jesús, de manera que su amor se multiplica entre todos y nos revela san Alfonzo citando a los Sagrados Cantares que: “Es tu vientre como montoncito de trigo cercado de azucenas”, (Ct 7, 2).
La navidad nos trae a Jesús como regalo inestimable y a María, a nombre de Dios, quien nos lo ofrece. “Amemos a Jesús y a María – concluye san Alfonzo María de Ligorio-y hagámonos santos, que no hay mayor dicha que podamos esperar y obtener de Dios”.

Ella se nos revela y nos protege a todos con amoroso empeño.

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