RAFAEL PIZANI, JURISTA Y CIUDADANO EJEMPLAR

Maritza Mészáros y José Félix Díaz Bermúdez

José Félix Díaz Bermúdez

Recuerdo una vez que le propuse en una de nuestras conversaciones de aquellos años a mi querida Maritza Mészaros, -quien es una de mis más entrañables compañeras y amigas de nuestra época universitaria-, que escribiéramos un artículo sobre nuestro inolvidable profesor Rafael Pizani, a quien tuvimos el honor de conocer en el primer año de nuestra carrera y quien fue el admirable profesor de la disciplina: “Introducción al Derecho”.  Sin duda, mucho más que una materia, recibimos de él una lección humana y personal imperecedera que nos iba a señalar y guiar toda la vida.

Aquí más abajo está el texto que escribimos cuando realizamos la entrevista hace ya casi 4 décadas,  a título de presentación.  Esta entrevista sale a la luz tantos años después, constituye para quienes fuimos sus alumnos un grato recuerdo de ese inolvidable profesor que tanto influyó en cada uno de nosotros. 

Evocamos al extraordinario ciudadano y jurista, al hombre de valor y de dignidad inquebrantable. 

Hoy a través de la misma, Pizani habla a los abogados, a los jueces, a los políticos, a los universitarios, a los alumnos, a los venezolanos en general.  Sus palabras cobran una significativa vigencia que nos permitirá reemprender los caminos perdidos, los caminos olvidados, los caminos históricos que el país debe recorrer para ser un auténtico Estado de Derecho, una patria libre, una patria democrática, una patria recuperada, enaltecida, reivindicada en los principios de justicia, institucionalidad, decoro, progreso, civilismo, educación y democracia, que tanto faltan en este tiempo de dolorosas pérdidas individuales y colectivas y que fueron aspectos esenciales del afán venezolano de Rafael Pizani

Al leer sus respuestas, apreciaremos lo que nos dijo una vez en sus clases: “estas también son lecciones”, hablándonos de la vida y del momento.  Lecciones admirables de un venezolano ejemplar, de elevado intelecto y rectitud, Rafael Pizani, ex Rector de la Universidad Central de Venezuela, nuestro profesor, nuestro ductor, nuestro amigo.

Lechería, Estado Anzoátegui, agosto de 2023.

Maritza Mészáros

Releyendo las palabras de mi amigo José Félix y la entrevista realizada hace ya tantas décadas a nuestro admirado profesor, Dr. Rafael Pizani, el tiempo se disipa y el pasado se hace presente.  Recuerdo mi primer año en la universidad, mi amada Universidad, la Universidad Central de Venezuela, “la Casa que Vence las Sombras”. Tenía 16 años cuando comencé a cursar el primer año de Derecho.  En una de las primeras clases con el profesor Pizani, estaba sentada en un pupitre del lado derecho del salón, como en la cuarta fila.  El Dr. Pizani hizo una pregunta sobre el Deber, la Moral y el Derecho.  Varios levantaron la mano.  Yo no fui uno de ellos.  Había leído el material pero no esperaba que el profesor hiciera preguntas al respecto.  De pronto me señaló.  Me negué a pensar que me estuviera señalando a mí.  No tenía la mano levantada.  Mire para atrás.  Volví a mirarlo y me dijo, para que no hubiera lugar a dudas.  “Sí, usted.  La de la blusa morada”.  Sentí que el pecho me iba a estallar.  Me dijo que fuera hacia la tarima y que desde allí, expusiera lo que había entendido sobre el Deber, la Moral y el Derecho.  Me levanté lentamente y desde la tarima me dirigí a mis compañeros para compartir lo que había logrado entender de mis lecturas.  No debo haberlo hecho tan mal porque, al final del año, el Dr. Pizani me pidió que fuera su auxiliar de investigación y, así, pasé a ser parte del Instituto de Derecho Privado de la Escuela de Derecho de la UCV, y a tener el honor de compartir con un ser extraordinario, educado, respetuoso, afable, amable, humilde, excelente profesional y ser humano.

Recordándolo con su traje de chaqueta y su “sweater” cuello de tortuga blanco o negro, delgado y espigado, con su mirada vibrante y su cabello platinado, me deleito nuevamente ante sus palabras y sus mensajes, plasmados en la entrevista que le realizamos en su oficina,  que aún mantienen su vigencia.

Caracas, Estado Miranda, Agosto de 2023

Presentación

Buenos Aires, 15 de agosto de 2023

Para un educador nada es más reconfortante que el que una alumna o un alumno se le acerquen después de clase a conversar. Ese sólo gesto, ese acercamiento fuera de clase, lo coloca en la posición en la que siempre quiso ser reconocido; como amigo, persona de confianza, maestro.

Si -además- eso le sucede años después de jubilado, el mensaje que esos exalumnos le transmiten sobre su condición es mucho más cálido y profundo, y mi padre seguramente así lo entendió cuando en 1983, cuatro años después de haberse jubilado- Maritza Mészáros y José Félix Díaz Bermúdez, se le acercaron con el objetivo de entrevistarlo. 

Es especialmente en ese sentido que en nombre de toda la familia quiero agradecer a Maritza y a José por el esfuerzo que han hecho para publicar esta «vieja entrevista» plena de vigencia conceptual -como ellos mismos dicen- en esta Venezuela que tanta necesidad tiene de valores que sirvan de referencia para el proceso de refundación democrática que está demandando.

Muchas gracias Maritza y José, por el gesto y por compartir con nosotros y los demás lectores estas lecciones que el viejo maestro no sólo transmitió en clase, de ellas también diómuestras en su propia vida como educador.

Leonardo Pizani

Introducción Originaria

“Uno de los venezolanos de mayores méritos y de singular trascendencia en la vida venezolana es sin duda alguna, el Dr. Rafael Pizani. Sus inequívocas actitudes como hombre, ciudadano y jurista de resaltante sensibilidad humana y social, lo distinguen altamente, por haber siempre dado ejemplos de dignidad y de sabiduría en momentos de vital importancia para nuestro país.

Su acendrado espíritu democrático, su vocación al estudio y la enseñanza del Derecho, y su trayectoria en el ejercicio de importantes cargos públicos, siempre han puesto en evidencia a un Rafael Pizani, inspirado en los más representativos valores del hombre y de la sociedad: la justicia, la dignidad, la libertad.

Nos fue particularmente grato el encuentro con el admirado profesor de nuestros primeros años universitarios. Acudimos ante él con la confianza que nos inspira su actitud franca y siempre dispuesta al intercambio fecundo de ideas y esperanzas.

Los fundamentales temas de la justicia y las instituciones que la administran; el progreso legislativo nacional; la educación en las Escuelas de Derecho, así como otras consideraciones sobre asuntos venezolanos, en general, fueron analizados por el doctor Pizani, como demostración de su celo o interés permanente hacia todo lo relacionado con el destino de Venezuela.

El objetivo primordial de la presente entrevista al Dr. Pizani, ha sido el de reunir, a lo largo de una conversación informal, sus autorizadas apreciaciones sobre los referidos temas de gran importancia venezolana, los cuales son fruto de la amplia experiencia profesional y humana, que se resume en la vida del jurista, guía y formador de varias generaciones de universitarios, protagonista y testigo de excepción en la vida nacional durante décadas.

TEXTO DE LA ENTREVISTA

RP Rafael Pizani

MM Maritza Mészáros

JDFB José Félix Díaz Bermúdez

JFDBProfesor Pizani, buenos días, gracias por concedernos esta entrevista. ¿Cuáles serían sus apreciaciones en torno a la administración de justicia en el país desde la fundación del Consejo de la Judicatura?

– RP: Fui el primer presidente fundador del Consejo de la Judicatura porque la Corte Suprema de Justicia me propuso como candidato. De los nueve magistrados del Consejo de la Judicatura, la Corte Suprema nombra cinco (05), el Congreso nombra dos (02) y el Presidente de la República nombra igualmente dos (02).

Cuando se dictó la Ley que creó el Consejo de la Judicatura, se hizo con un propósito y fines políticos. El Consejo de la Judicatura se creó para impedir que el Ministro de Justicia, que entonces era quien hacía las designaciones de los jueces, lo hiciera, porque había triunfado Copei, habiendo ganado el doctor Rafael Caldera las elecciones.  La oposición entonces, para impedir que el gobierno nombrara los jueces, es decir, para eliminar la influencia del Ejecutivo, a través del Poder Judicial, organizaron en forma apresurada el Consejo de la Judicatura, que es una institución que está prevista en la Constitución para vigilar el decoro de los jueces, el mejoramiento de los jueces y la organización del Poder Judicial.  Por esta razón, crearon el Consejo de la Judicatura, en mi concepto, extremadamente numeroso, tal y como lo he venido diciendo desde entonces, con nueve miembros. Me parece que lo correcto es que hubiera estado constituído por cinco (05) miembros y, hasta de ser posible, por tres (03),

Un Consejo de la Judicatura integrado y constituído por tres (03) miembros es mucho más factible que funcione correctamente.  Es mucho más fácil encontrar tres (03) hombres responsables, serios, honestos, estudiosos y de carácter, que nueve (09) con esas mismas características que son las que deben tener los magistrados del Consejo de la Judicatura.

En este caso, cada uno de los Poderes, es decir, el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, escogería un miembro. Sin embargo, en este caso,  inmediatamente el Poder Judicial se opondría diciendo que ellos deben tener mayoría porque, al decir la Constitución que los otros poderes deben tener representación adecuada, da la idea de que la Corte Suprema debe tener una preeminencia.

A pesar de todo, yo llegaría hasta ese extremo de nombrar solo tres (03). Si se presentaran, como es probable, muchas dificultades, nombraría cinco (05), pero no más de cinco (05).

– MM¿Cree Usted que esa sería la solución para eliminar el partidismo en el Consejo de la Judicatura?

-RP: En gran parte sí. Reitero el razonamiento que ya hice. Es más fácil encontrar cinco personas preparadas, con carácter, probas, con plena honestidad y con suficiente autoridad que encontrar nueve (09). Entre esos cinco (05) siempre será más fácil llegar a acuerdos para concepciones claras sobre el objeto, fines y metas para el mejoramiento del Poder Judicial en Venezuela, que entre nueve (09).

Efectivamente, el Consejo de la Judicatura se instaló con grandes dificultades. No había ninguna historia del Poder Judicial en el Ministerio de Justicia que ya tenía años funcionando. No había allí ninguna información seria sobre los jueces. Teníamos que proceder en las nubes, mejor dicho, peor que en las nubes, porque al estar en las nubes, sabes que estás en una nube. Nosotros, en cambio, no sabíamos dónde estábamos. Había un vacío total. Esto condujo a una designación de los jueces con muchas injusticias por acción o por omisión. La necesidad, sin embargo, era nombrar a los jueces. No había ningún tipo de normativa para la designación de los jueces y sin antecedentes sobre los mismos, estábamos totalmente en el aire. Sin embargo, pensamos que a pesar de que era muy importante la designación de los jueces y designar a los mejores, si ya no podíamos contar con los elementos para calificarlos, el poder disciplinario que pertenece también al propio Consejo de la Judicatura nos dejaba la puerta abierta para ir eliminando a todos aquellos que, en la práctica, no dieran resultado, por cualquier razón y para irlos sustituyendo.

Nos dimos cuenta al poco tiempo de nombrar los jueces, es decir al año o al año y medio de estar trabajando allí, que también el poder disciplinario estaba desnaturalizado por el interés partidista.

Como de los nueve (09) miembros del Consejo de la Judicatura, algunos eran adecos, algunos copeyanos, otros mepistas y otros urredistas, salvo uno (01) o dos (02) que no pertenecían a partidos políticos, cuando llegaba un proceso disciplinario para un juez, si ese juez era adeco o copeyano, los adecos y copeyanos del Consejo aplicaban el: “hoy por , mañana por mí”. Así lo hacían igualmente los representantes de los otros partidos. Entonces, entraban en combinación los criterios disciplinarios en función del partido político al cual pertenecía el juez. Estaba todo en función de los partidos políticos y de los intereses partidistas.

Nos dimos cuenta que el poder disciplinario también estaba supeditado a los intereses políticos. Por eso nos fuimos del Consejo de la Judicatura.

La tarea inicial se presentaba tan hermosa: organizar el Poder Judicial de tu país.  Era una tarea atrayente y hermosa, pero nos dimos cuenta que con la estructura que se dio al Consejo de la Judicatura, no era posible realizar esa tarea.

– JFDB: ¿Cuál sería la estructura o el sistema que le daría al Consejo de la Judicatura verdadera independencia?

– RP: En primer lugar, sería necesario reducir el número de los miembros de Consejo de la Judicatura. Deberían ser máximo cinco (05). Como dice la Constitución que en la designación de los magistrados deben tener representación adecuada los otros Poderes, en la designación de los miembros del Consejo hay que buscar que estén representados el Poder Legislativo Nacional, es decir, el Congreso y el Poder Ejecutivo, además del Poder Judicial.  Entonces podrían ser tres (03) magistrados nombrados por la Corte Suprema de Justicia, uno (01) por el Congreso y uno (01) por el Ejecutivo. Como máximo deberían ser cinco (05).  En esta forma, yo creo que se conseguiría una mayor coherencia en la acción y al mismo tiempo una más uniforme visión de las finalidades y de la significación de la institución, es decir, qué es lo que debe ser y cómo lo debe hacer. Creo que esto sería conveniente para el Poder Judicial.

En esa oportunidad, nosotros propusimos que las designaciones de los jueces se hicieran por concurso de oposición. Elaboramos un reglamento extraordinario porque pusimos evaluación aún para las pruebas de credenciales. Había tres (03) pruebas, todas escritas, pruebas de capacitación y pruebas de credenciales. Es difícil realizar esta prueba de credenciales pero, sin embargo, la pusimos en el reglamento. El proyecto de este reglamento lo elaboramos con Florencio Contreras, quien ya murió y quien era un extraordinario hombre y un juez honesto, una persona de todo mi afecto que me acompañó siempre. Entre los dos hicimos el proyecto de reglamento. Yo tuve que ir a Europa al matrimonio de uno de mis hijos y cuando regresé me dijeron que lo habían reformado. El reglamento que nosotros habíamos preparado era tan estricto que no dejaba margen a la intervención de la política, pero, lo reformaron.

– MM: ¿Llegó a aplicarse el reglamento?

– RP: Sí, cómo no. El primer Tribunal de la Carrera Administrativa se sacó a concurso. Era una Corte con tres (03) jueces. Se inscribieron cerca de diez y ocho (18) o veinte (20) abogados. Con el Consejo en Pleno, porque los nueve (09) miembros del Consejo son el Tribunal, se les hicieron pruebas públicas de capacitación y credenciales. Los miembros principales de la Corte fueron tres (03) mujeres y el primer suplente fue un hombre que era juez.  Ninguna de las tres (03) mujeres tenía afiliación política definida ni conocida y ellas fueron las primeras integrantes del Tribunal de la Carrera Administrativa que funcionó estupendamente. Este fue el único concurso que se hizo con este reglamento que fue modificado por decisión del mismo Consejo. Se necesitaba para la decisión mayoría absoluta, es decir, la mitad más uno.

Esta fue la causa principal para que yo renunciara a mi cargo. Conmigo se fue también Florencio Contreras.  Hubo que hacer una serie de declaraciones: se nos atacó duramente. Muchos de estos ataques fueron inspirados por propios magistrados del propio Consejo de la Judicatura. No hicimos caso de esto.

El mismo día en que se publicó la noticia de mi renuncia en un periódico, ese mismo día salió en el mismo periódico, “El Nacional”, un artículo de Gonzalo Barrios donde decía exactamente lo que motivaba mi renuncia, sin haber estado en contacto.  Este artículo de Gonzalo Barrios decía que aquí los abogados, para ir a litigar en los tribunales, tienen que averiguar primero si el asunto puede discutirse en un juzgado donde el juez sea de determinado partido.

Gonzalo Barrios estaba poniendo en evidencia lo que yo sostenía como motivo de mi renuncia, es decir, la partidización más que politización del organismo.

– JFDB: Usted ha señalado dos vicios principales en el funcionamiento del Consejo que serían la partidización y la falta de normativa que dé las bases para la escogencia de los jueces.  A partir de la vigencia de la Ley de Carrera Judicial, donde se han establecido en la letra de la ley algunos principios de orden técnico para la escogencia, ¿cree usted que esa ley llena suficientemente esa necesidad normativa y que se cumpla en la práctica?

– RP: Yo desde que me salí del Consejo de la Judicatura no sé como han seguido manejando eso. No quiero saber nada más de esto. Lo digo con toda sinceridad. No sé cómo están aplicando la Ley. No conozco el manejo del Poder Judicial. Me volví de espaldas a eso y estoy dispuesto a no volver.

– JFDB: ¿Cuáles serían en su criterio las condiciones éticas y profesionales que debe tener un magistrado?

– RP: Las conocemos todos. En primer lugar, debe ser un hombre probo y más que conocer el derecho, debe ser un hombre de conciencia justa, en mi concepto. Un hombre de conciencia justa siempre encontrará en las normas del derecho positivo el fundamento de la decisión. Lo primordial, en mi concepto, es encontrar el hombre justo, el hombre probo, el hombre correcto. En segundo lugar, debe tener preparación y conocer el derecho positivo. En tercer lugar, debe ser un hombre con entereza de carácter para tomar decisiones de acuerdo con su propia conciencia y con el derecho escrito, sin dejarse influir por los partidos políticos ni por las organizaciones de presión económica que funcionan también en forma nefasta para la administración de la justicia.  Por otra parte, esta persona debe tener la seguridad de una carrera para que, cuando llegue a la vejez y al cansancio, se encuentre asistido por una jubilación bien meditada y que haya disfrutado de una remuneración que le permita vivir no con lujos, pero sí con dignidad.  La remuneración durante la carrera también debe ser una remuneración justa y suficiente para que pueda mantenerse y apoyar a su familia. Esto es lo que yo exigiría como entorno para la designación y funcionamiento de los jueces.

– JFDB: Para alcanzar estas condiciones profesionales y morales en un individuo la educación es fundamental.  ¿Qué crítica le haría Usted a las Escuelas de Derecho?

– RP: Yo fui miembro de una Escuela de Derecho durante cuarenta (40) años. Ustedes sufrieron mi presencia. Las Escuelas de Derecho están atravesando una época muy crítica. Yo también lo he venido observando desde hace algún tiempo en declaraciones públicas.  ¿Cuál es la principal crisis de las Escuelas de Derecho? La misma crisis que está afectando al Consejo de la Judicatura. Las Escuelas de Derecho están en función de los partidos políticos. Ustedes van a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela y allí si no eres copeyano no eres bienvenido. ¿Por qué? Porque toda la estructura de la Facultad ha venido siendo inspirada y manejada por los intereses partidistas, que allí se llaman Copei.

En otras Facultades ya no es Copei sino AD o los de la izquierda.  Los partidos no se dan cuenta de que esta partidización, en última instancia, se refleja contra ellos mismos. Entonces, mientras la educación y la justicia estén infiltrados por los intereses partidistas y los partidos políticos sean tan torpes en el manejo de la orientación política del país, estaremos dando tumbos para lograr una buena preparación en las Escuelas de Derecho y, en general, en la educación del país.  Es vital una buena preparación no solo en los jueces, sino en todos los profesionales, que aparecen expuestos a las desviaciones que esta intervención ilegítima del partidismo político en la vida nacional impone y hace necesario superar.

– MM: ¿Esa partidización en la Universidad afecta también a los estudiantes?

– RP: El joven que no pertenece a un partido político y entra a la Universidad no tiene mayores problemas. Me estoy refiriendo a la organización burocrática que influye definitivamente en la orientación.

– JFDB: ¿Desde el punto de vista de la formación del individuo que entra en la Escuela de Derecho, por su estructura y por el contenido de las materias, ¿Usted cree que de allí sale un abogado con sensibilidad social y con un criterio de la justicia bien formado o no?

– RP: El muchacho que quiera salir así se prepara para eso, pero no debe descansar en su preparación únicamente en la organización burocrática y académica. Hay estudiantes que a pesar de egresar de una escuela cuyo funcionamiento no es el mejor, sin embargo, salen muy bien preparados, porque ellos por sí mismos se han puesto a estudiar. Se deben a su propia vocación, al esfuerzo que hacen ellos mismos. Pienso que esto es fundamental. Un muchacho que vaya con esa orientación, con ese carácter de no estar sometidos únicamente a lo que le enseñen o a lo que le digan, sino que, con propio criterio y sentido crítico se proponga prepararse y ser una persona honorable, lo logra.

– MM: ¿Ha influido el partidismo en los cargos que Usted ha tenido en la Universidad Central de Venezuela?

– RP: Generalmente han tratado de impedir que yo ocupara estos cargos. Por ejemplo, la designación mía para la dirección del Instituto de Derecho Privado de la Escuela de Derecho, que fue el último cargo que tuve en la Facultad, fue propuesta por el Decano. En el Consejo de Facultad se creó una oposición cierta y evidente a mi designación. Al fin, yo no sé cómo, pero me nombraron.

– MM: ¿Cómo se nombran los profesores de la Universidad?

– RP: La carrera universitaria empieza con el cargo de Instructor. El Instructor entra por concurso y después empiezan los ascensos cada tantos años, todos por concurso de oposición.

– MM: ¿Dónde se observa principalmente la partidización?

– RP: Se puede observar en la designación de los decanos y del Consejo de Facultad. Esta es una labor que se ve con el transcurso del tiempo. Cuando cerraron la Facultad de Derecho, en la época de Pérez Jiménez, nos botaron a unos cuantos profesores y a otros los metieron en la cárcel.  Trescientos (300) profesores de la Universidad Central firmamos lo que se llama la Carta Magna. Le dijimos a Pérez Jiménez y a su gente que hasta que no reconocieran nuevamente la autonomía universitaria, nos separábamos de nuestras cátedras.  Esta fue una acción muy linda. Cerraron la Universidad por uno (01), dos (02) años y en algunas Facultades hasta por tres (03) años.  Cuando reabrieron la Facultad de Derecho estaba en manos de los copeyanos. Casi todos los profesores que se reincorporaron a sus cátedras eran de determinados partidos políticos. Desde entonces, esa estructura se ha venido imponiendo, manejando y yo diría sacrificando a determinadas Escuelas. En cada una de las distintas facultades encontramos un partido que la maneja. Buscan el acomodo y los intereses ideológicos, siendo esto perjudicial porque el hombre no es parcela, sino una totalidad.

– JFDB: ¿Usted ha tenido la experiencia de vivir en Venezuela durante el período de la dictadura y durante el período de la democracia, ¿cómo juzga Usted históricamente hablando la administración de la justicia en ambos períodos?

– RP: En la época de la dictadura no se puede decir que haya justicia propiamente porque la justicia está en manos del dictador o del tirano. No se puede decir que en la época de la dictadura haya propiamente un Estado de Derecho. Cuando termina la dictadura nos encontramos una justicia política. Se derroca al dictador y viene la reacción donde hay mucho de venganza y tampoco se puede hablar de una justicia.

Es evidente que hemos progresado en la administración de justicia. La administración de justicia actual tiene muchos vicios, pero al lado de ellos, hay un progreso evidente. La Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, está integrada por gente honesta, competente. En los mismos tribunales, encontramos algunos donde los jueces son evidentemente personas honestas y correctas.

En la Corte Suprema de Justicia también ha funcionado la partidización. Como ella es el posible Tribunal para enjuiciar al Presidente de la República y a los ministros, allí la cuestión política se hace evidente, pero los otros magistrados que han llegado allí hasta ahora, en su gran mayoría, se sienten independientes del partido político que los ha llevado a la Corte. Es gente con criterio para desenvolverse como jueces más que como hombres de partido.

Ahora, en la democracia, sí hay un Estado de Derecho, todavía con muchas espinas quebradas,  existiendo circunstancias que vienen a garantizar, con imperfecciones reitero, el Estado de Derecho.

Toda institución, como todo hombre, es susceptible de mejoramiento. Es posible mejorar por la vía de la educación únicamente.

– JFDB: Se hacen siempre críticas en el sentido de que en los Estados modernos el Poder Legislativo ha disminuido su influencia. En Venezuela se dice a menudo que necesitamos desarrollar muchos de los principios que establece la Constitución a través de leyes que concreten ciertas garantías. ¿Cómo ve Usted ese panorama de la reforma legislativa nacional?

– RP: La propia Constitución prevé las garantías individuales y establece que las mismas no pueden ser objeto sino de reglamentación por Ley. Esa reglamentación no se ha dictado. La Ley reglamentaria de las garantías individuales no existe. Esta es una de las grandes fallas que tenemos.

– Cuando se habla de modificar la Constitución para modificar el Estado, sobre todo en períodos electorales, yo no estoy de acuerdo con eso. Especialmente Jóvito Villalbatiene una tesis de desvincular en la Presidencia de la República el ejercicio del gobierno dejando un Primer Ministro. Yo soy muy amigo de Jóvito pero no comparto estas ideas.

Me parece que debería implementarse toda la legislación reglamentaria de las garantías individuales entre ellas el Habeas Corpus que está prevista en la Constitución en una de las Disposiciones Transitorias, que es la que se viene aplicando, pero no es suficiente.

Yo considero que la Constitución que tenemos de 1961 es una extraordinaria Constitución. Desde el punto de vista normativo, son extraordinarias las posibilidades que abre para una organización realmente excepcional de un Estado moderno, democrático. Se han hecho algunas enmiendas parciales más que todo circunstanciales. El camino de las enmiendas es más bien peligroso. Me parece que el sistema que trae la Constitución en materia de reelección, que es una de las enmiendas planteadas es puro. Se establecen dos períodos. Después de esos períodos es el pueblo el que va a decidir.

– JFDB: ¿Usted considera que le falta al Estado Venezolano una seria política legislativa?

– RP: Claro que sí. Además hace falta una sinceración de las prioridades legislativas para completar el funcionamiento del Estado.

– JFDB: Ahora una pregunta dirigida a Usted como ciudadano y como individuo. ¿Qué es y que ha significado para Usted Venezuela?

– RP: Es tan amplia la pregunta. Para mí Venezuela es mi tierra. Yo siempre pienso que donde uno nace se establece un vínculo imponderable, invisible, entre el hecho del nacimiento y la tierra donde uno nace.

Puede uno irse, lo pueden sacar desde chiquito pero, siempre, en el fondo de la conciencia, desde que ésta se va formando, existe una intencionalidad hacia la tierra que le vió nacer.  Lo mío es más que una intencionalidad; es ya una forma de vivir. Yo no puedo vivir sino en mi tierra. Por eso, cuando me expulsó Pérez Jiménez yo sufrí mucho.

Los griegos tenían la ordenación de las penas en el derecho griego de la siguiente manera: Pena capital que era la pena más grave; el exilio era la segunda y así sucesivamente. La segunda pena en gravedad era el exilio y esto es evidente. En el destierro te quitan la tierra. Quedas en el aíre por más que estés en un pueblo hermano con el mismo leguaje, la misma religión, las mismas costumbres. Por más que uno tenga una vocación continental y no nacional, siempre se siente en tierra extraña en los demás países. Yo concibo mi vida solamente en función de mi tierra, de mi familia, de mis amigos y de mis enemigos.

– MM: ¿A qué se ha dedicado en su vida profesional?

– RP: Dediqué cuarenta años a la educación. También he ejercido la profesión pero con poca intensidad y nunca el ejercicio contencioso, sino puramente consultas. Ahora estoy también dedicado a esto último. Yo entiendo el ejercicio profesional más que una contención como conciliador.

Actualmente, la Universidad me da algunos trabajos de ascenso, pero no me han llamado para ejercer cátedra, sin cobrar, por supuesto. Me gustaría, como no, estar otra vez con los muchachos. Me hace mucha falta dar clases. Me gustaría mucho dar un curso de postgrado y podría pensar en un bonito curso, pero no me han llamado y yo no pido nada.

– JFDB: Se celebra dentro de poco el centenario del nacimiento de Rómulo Gallegos. Usted lo conoció y quisiéramos saber cómo lo juzga Usted.

– RP: Antes a los bachilleres les pedían que presentaran una tesis que se discutía con un jurado. Uno estudiaba cinco (05) años y después venía un examen integral sobre todas las materias de los cinco (05) años y había que presentar una tesis. Yo escribí una sobre criollismo y criollistas y entre los criollistas examino a Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Rómulo Gallegos, y Ortega, un aragüeño, Gonzalo Picón Febres y algunos otros. Es interesante porque yo tenía veinte (20) años. Ahí estudio dos (02) obras de Rómulo Gallegos: La Trepadora y Doña Bárbara.

– JFDB: ¿Cómo juzga Usted al Gallegos político, al Gallegos educador, al Gallegos hombre?

– RP: Yo fui y sigo siendo un gran admirador de Rómulo Gallegos. Fuimos muy buenos amigos. Él me distinguió con su amistad. Como escritor, me parece que hasta ahora no ha sido superado como novelista en Venezuela. Marcó una época en la novelística venezolana. Como educador también. Fue un educador estupendo. Como político, nunca pensé que fuera un político capacitado para la política local.

Era un hombre de grandes escrúpulos y para ser político se requiere ponerle mucha sordina a esos escrúpulos. El resultado fue que los militares lo quitaron.  Por lo tanto, como político considero que no tuvo éxito, cosa que me contenta porque significa que se manejó muy bien en los otros aspectos, como hombre, escritor, educador.

La caída de Gallegos fue una educación para todo el pueblo de Venezuela. Preguntó Gallegos entonces: “¿Me van a quitar?” y cuando le dijeron que sí, contestó: “En pantuflas no se corre”. Este es un poco el eco de José María Vargas frente a Carujo, guardando la distancia en el tiempo y en el espacio. Es un poco el eco del valor civil frente a la arbitrariedad.

El comentario mío en mi tesis de grado sobre Don Rómulo Gallegos decía que cuando estaba terminando mi estudio, llega la noticia de que ha sido elegida Doña Bárbara como el mejor libro del mes, premio de literatura que daba un jurado en España muy selecto al mejor libro del mes en lengua española. Escogieron un libro de Rómulo Gallegos.

Yo digo, esta noticia apenas tuvo el eco de un frío cablegrama. Rómulo estaba exiliado y era la época de Gómez. Yo estaba criticando la poca divulgación de la noticia. Digo entonces que en mí concepto libros como el de Rómulo Gallegos deben ser comentados calurosamente hasta en la Gaceta Oficial. Una vez nos encontramos en una comida con Don Rómulo Gallegos y nos pusimos a conversar. Yo le había mandado un ejemplar de mi tesis dedicado y él me dijo: “Pizani, Usted sabe que una de las cosas que más me ha conmovido ha sido este juicio suyo?”.

 Otros Testimonios

El tránsito vital de Rafael Pizani abarca todas del décadas del mismo (1909-1997). En efecto, nace en Mérida en 1909 a escasos meses de que Juan Vicente Gómez, uno de los jefes de la “Revolución Liberal Restauradora” emprendida por el general Cipriano Castro en 1899, usurpa la “Suprema Jefatura del Estado” mediante un incruento Golpe de Estado cuando se desempeñaba como Vicepresidente del Ejecutivo y Castro se encontraba enfermo en Europa; acción que justificó como “la evolución dentro de la misma causa y el inicio de la “Rehabilitación Nacional”. Este régimen dictatorial se prolonga durante veintisiete años, hasta la muerte de Gómez acaecida en 1935. Un año antes, en 1934, el joven Pizani había culminado su carrera de Derecho cursada en la Universidad de los Andes en Mérida y la Central de Venezuela en Caracas, la cual le otorgó el título de Doctor en Ciencias Políticas.

(…) Pero no cabe duda que esos primeros veintiséis años de su existencia hasta 1935, marcaron para siempre, por contraste, los rasgos definitorios más sobresalientes de RAFAEL PIZANI: reciedumbre, dignidad, autenticidad, vehemencia y profunda convicción democrática.

(…) Fue en efecto, Diputado al Congreso de la República por el Estado Mérida (1945); Vocal de la Corte Federal y de Casación (1945-1946); Ministro de Educación en dos ocasiones (1958-1960); Rector de la Universidad Central de Venezuela (1943-1944); Presidente Fundador del Consejo de la Judicatura (1969-1971). También formó parte de innumerables Comisiones y Delegaciones y ocupó cargos ministeriales directivos: Consultor Jurídico del Ministerio de Fomento (1938-1941) y del Ministerio de Hacienda (1942-1943); Miembro de la Comisión de Estudios de Legislación Fiscal que implantó el Impuesto sobre la Renta en Venezuela (1942- 45); Miembro de la Comisión Encargada de la Reforma Petrolera (1943); Presidente de la Comisión que elaboró el Estatuto Orgánico de las Universidades Nacionales (1946; Miembro de la Comisión que redactó el Proyecto de Ley Electoral en 1958; Presidente de la Comisión Nacional de Educación (1974-77); Director del Instituto de Derecho Privado de la Universidad Central de Venezuela (1975-1978) Miembro del Consejo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV (1978-81)”.

(…) Desde su tribuna independiente, pues no militó en partido político alguno, defendió con ardor los valores de la democracia y la libertad de pensamiento, lo cual le ocasionó hostigamiento, persecuciones y hasta el destierro.

Josefina Calcaño de Temeltas

“(…) el verdadero valor de un universitario no puede medirse únicamente a base de su actividad docente. Se trata de un título de excelencia al que sólo se es acreedor cuando en todos y en cada uno de los actos de la vida pública y privada se mantiene una perfecta concordancia con los altos valores formativos -intelectuales y morales- recibidos en las aulas. Aplicado ahora dicho concepto, no puedo menos que exaltar la figura de Pizani como la de un prototipo, cuyo balance positivo debe servir de norma de conducta a las actuales y futuras generaciones.”.  

René De Sola

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