Nueva Realidad

La historia humana ha estado plagada de guerras y conflictos; enfrentamientos entre naciones y personas, la violencia y el crimen.

Nos encontramos ante una realidad distinta que nos obliga a determinar y escoger otro camino. El mundo, la vida como la hemos desarrollado ha mostrado sus fallas, errores, perjuicios, limitaciones, faltas. No hemos sido capaces de valorar y preservar lo verdaderamente importante. Hemos poseído con ambición y egoísmo la tierra; hemos estado por encima de los otros; hemos conquistado, usurpado, secuestrado, destruido; hemos arrebatado lo que no es nuestro y negado lo de los demás; hemos poseído de manera indebida e ilimitada los recursos de la tierra.

La historia humana ha estado plagada de guerras y conflictos; enfrentamientos entre naciones y personas, la violencia y el crimen. Sabemos ya y sufrimos las consecuencias de lo que hemos y no hecho en el planeta desde muchos puntos de vista.

Esta nueva pandemia entre tantas otras y que se ha globalizado, muestra junto a la extensión de las comunicaciones, de la información, de la tecnología, de la movilidad, de la población, del comercio y del impacto de la política, la economía, la sociedad, nuestra propia fragilidad, los riesgos y peligros existentes y que ahora no fácilmente podemos controlar y detener y que nos amenazan a todos por igual.

Apreciamos con dramatismo esta realidad. El ser humano invulnerable ya no existe en ningún lugar. La naturaleza de lo que somos se conforma de nuestras fuerzas y debilidades; posibilidades y límites, lo grande y lo pequeño.

La nueva realidad del mundo nos confronta a la muerte injusta y dolorosa de millones de personas y a la inseguridad para todos. El mundo se indigna ante el descaro de los privilegios grotescos de algunos frente a la miseria, el hambre, la enfermedad y la muerte de millones.

Otra realidad mejor debe surgir ante la vida: el bien común, la responsabilidad, la justicia, una mejor distribución y producción. Gobiernos cuyo liderazgo ha no sido eficaz y eficiente; la mala gestión ante la crisis que genera responsabilidades públicas, individuales y grupales que el derecho debe exigir y sancionar y la política enmendar en distintos niveles nacionales e internacionales.

Las consecuencias políticas, económicas, sociales de lo que está pasando, lo que recientemente se ha indicado en un importante diario global: el desastre de la gestión de esta pandemia en América Latina, evidencia las grandes deficiencias acumuladas de distinto orden, inclusive en otras latitudes, lo cual nos obliga a establecer las causas y las consecuencias que algunos solo miden en términos electorales siendo indispensable la reorientación de políticas sociales, económicas, de asistencia, salud, seguridad pública y responsabilidad social.

Otra realidad que nos obliga a entender y corregir de ahora en adelante lo que se desvió desde un principio: que no somos únicos, que no somos los dueños de todo; que debemos actuar con sentido de equidad; hemos causado gravísimos daños y debemos comprender, corregir y asumir la vida humana de una manera mejor.

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