Mientras en Valencia

Mientras que Valencia venezolana luchaba por la independencia, el Gobierno de Madrid hacía saber su determinación con respecto a aquellos que: “intentaban excitar una conmoción popular” en contra: “de la conservación del sistema constitucional”…

Mientras Valencia venezolana decidía en la sabana de Carabobo su destino de dolor y sacrificio, de libertad y de gloria, en Valencia española, aquel 24 de junio de 1821, se desconocía por completo las circunstancias de la primera y de cómo en ella se alteraba el destino de la monarquía en nuestra tierra.
En lo religioso, era el día de la natividad de San Juan Bautista y se anunciaba que se otorgaría la indulgencia de 40 horas en la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia. En lo cultural, se escenificaba en la ciudad, en el teatro nuevo de San Nicolás: “El Montañez de Valencia” y se mostraba en la Calle Aveñadas, una colección de pinturas.  
En lo exterior se temía que los griegos atacaran a Constantinopla. En lo interno, la prensa reseñaba la agitación en Madrid preguntando: “¿qué cosa fue esto de ayer?” tal y como siempre hay que saberlo en nuestro mundo hispánico.
En Venezuela
Mientras que Valencia venezolana luchaba por la independencia, el Gobierno de Madrid hacía saber su determinación con respecto a aquellos que: “intentaban excitar una conmoción popular” en contra: “de la conservación del sistema constitucional”, como si los pueblos no pudiesen determinar otro destino.
Fernando VII era: “el Rey de las Españas”“por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía” y en días posteriores, las Cortes anunciaban postergar una discusión sobre el tema de América. Al mismo tiempo, con intención política, se publicaba en los paráfrasis un pensamiento de Solón sobre cómo hacer feliz a la República, respondiéndolo el sabio indicando: “la sumisión absoluta de los magistrados a las leyes y de los ciudadanos a los magistrados”.
Camino inevitable
Lo cierto era que ni el mundo español ni americano podía contenerse, se sabía que en Lima había sido depuesto el Virrey Pezuela sustituido por Laserna. 
A mismo tiempo se pedía que también las corporaciones, las universidades, los colegios de abogados comentasen sus apreciaciones sobre un proyecto de Código Penal para el reino para recibir y analizar: “cuantas objeciones y advertencias se hagan o remitan”.
Ni España, ni América, aquí y allá, podían detener su camino inevitable de justicia y libertad.

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