José Félix Díaz Bermúdez
(Imagen editada con AI de un retrato de Andrés Bello, año 1862)
Hace varios años el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa publicó el libro titulado: “Andrés Bello, Educador”. En uno de sus capítulos denominado: “Libertad y Educación”, el autor destacó la dramática tarea que Bello tuvo que emprender al vivir: “la angustia de un mundo que nacía entre las enfurecidas y destructoras fuerzas de la guerra, de naciones que hacían su tránsito del servilismo a la libertad” y que: “buscaban ansiosas salir del estado de barbarie en que las había sumido la tiranía, sin encontrar sendero abierto porque todos desembocaban en el odio y la matanza”, según Prieto.
Desde entonces se empezaban a enfrentar dos fuerzas opuestas: por una parte, la civilización y la República, la cultura y el derecho que fueron indispensable fundamento de la revolución política y de la lucha por la independencia y, por la otra, la realidad representada por un pueblo ignorante y jefes ambiciosos, ajenos al ejercicio racional del gobierno y de la política, quienes habían encontrado en el uso indebido de las armas: “la manera de dar satisfacción a sus apetitos de mando y a sus aspiraciones de riqueza”, tal y como lo señalaba Prieto. Resultaba esencial formar a nuestras naciones americanas para la libertad y que la educación en ellas fuese el instrumento.
No puede concebirse entonces la educación sin libertad, ni la libertad sin la educación para crear a una Nación, y como bien lo señalaba Montesquieu: “en ninguno pesa más la obligación de proteger este ramo importante de la prosperidad social que en los gobiernos republicanos”.
(El joven Bolívar con su maestro Andrés Bello, Oleo de Tito Salas)

Era y es necesario impartir una educación civilizadora, democrática y libre, y según el concepto de Bello con respeto a la Universidad, ésta debía ser no solo centro de formación profesional, sino también conservador y transmisor de la cultura, de la investigación, del humanismo y de la ciencia, y además: “creadora de modelos presentados al pueblo”, como observó Prieto, lo que evidencia el carácter esencial e influyente que por naturaleza a la Universidad le corresponde en la obra de construir un país.
Andrés Bello defendió el valor prioritario de la educación y la importancia de su institucionalidad. En la célebre exposición que hizo sobre el presupuesto universitario ante el Congreso de Chile el 03-09-1845, confrontó a los legisladores ante la indispensable reflexión sobre si la Universidad era o no necesaria, preguntando categóricamente: “¿Y cuál es el objeto que merezca una más seria atención a la legislatura que la instrucción del pueblo en un Gobierno Popular? Yo no conozco ninguno”.
(Andrés Bello, autor desconocido)

Pero si alguna reflexión del ilustre Bello testimonia la finalidad que la libertad y la educación deben tener en el hombre y en la sociedad, encontramos aquella en la cual ubicaba a la Universidad, por ejemplo, entre las más altas instituciones sociales, tal y como lo expresó al inaugurar la Universidad de Chile bajo su rectoría en 1843, expresando que la misma no ocuparía su elevadísimo rango sí: “el cultivo de las ciencias y de las letras pudiese mirarse como peligroso bajo un punto de vista moral, o bajo un punto de vista político”, y que: “la libertad…, será sin duda el tema de la Universidad en todas sus diferentes secciones”. De la misma manera, para y ante la juventud americana, aquella que habría de formarse bajo los auspicios de la independencia y la República, un mensaje sustantivo: “aprended a juzgar por vosotros mismos: aspirad a la independencia del pensamiento”, para ser individuos, para ser ciudadanos, para ser hombres libres: la libertad que produce el conocimiento, el saber, la conciencia recta y justa, la vida ciudadana rectamente entendida y aplicada al servicio de, en sus palabras: “los más nobles y puros instintos del corazón humano”.
(Andrés Bello, óleo de Raymond Quinsac Monvoisin, Santiago de Chile, 1844, Colección Universidad de Chile)

Este humanista, filósofo, jurista, escritor, legislador, poeta, pedagogo, académico, sociólogo, lingüista, republicano, todo en grado de excelsitud, nació en Caracas el 29 de noviembre de 1791.
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Esta entrada tiene 2 comentarios
Excelente artículo, ciertamente lo único que puede hacer libre a los pueblos del mundo es el estudio permanente de la Historia para tratar de no cometer los mismos errores.. un gran abrazo colega
Profe interesante el enfoque sobre Andrés Bello. Su idea de que la educación es el camino para formar ciudadanos libres sigue siendo muy actual. Recordar que la libertad se construye con conocimiento y valores es un mensaje que nunca pierde vigencia.