La Lección de Sucre en Bolivia

José Félix Díaz Bermúdez

(Imagen principal, acuarela infantil del Gran Mariscal de Ayacucho, autor Gustavo José Díaz Machado)

Entre tantos hechos cuestionables, dolorosos, infames contra las libertades y derechos, contra la dignidad y la soberanía de los pueblos, en el pasado de Bolivia, en el presente de todos los pueblos de América Latina, se erige en contraste ejemplar, admirable por lo que significa de lección y de guía para las naciones nuestras, lo que el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, realizó en el momento de la creación de Bolivia, y luego al ejercer como lo hizo durante dos años singulares, la presidencia de esa República.

(Sucre retrato, presidente de Bolivia)

Sucre, el guerrero, quien llegaba victorioso de Ayacucho en su tránsito por lo que era entonces el Alto Perú, no hizo sino extender la libertad hacia todos aquellos territorios y concretar como hechura sustancial y final de la independencia de América la consagración y la defensa de aquellos: “principios liberales” que tanto proclamaba y que implantó como consecuencia de su acción militar y política.

Su actuación en la guerra y en la política había sido extraordinaria, el mismo lo señaló un 19 de abril de 1825 -15 años después de los hechos patrios aquel año de 1810-, al resaltar que desde Ayacucho a Tupiza, a su merced habían quedado 25 generales españoles, 1.100 jefes y oficiales, 18 mil soldados derrotados o rendidos.

Encargado como estuvo del mando de los departamentos de esos territorios, ya en julio de 1825, se pronunció sobre las consecuencias de la célebre batalla entre los cuales se encontraba definir la suerte del Alto Perú. Tenía desde entonces la diáfana concepción de lo que debía resultar del fin de aquellos 15 años de luchas, persuadido de que el ruido de la guerra no debía: “oírse más en aquellas regiones”, ni en América.

Ante la necesidad de la escogencia de un gobierno para aquel territorio, Sucre demostró su extraordinaria visión como estadista al apreciar y determinar la forma de gobierno que debía darse el nuevo Estado, el primero instaurado luego de la batalla de Ayacucho, y como consecuencia de ella. Estaba por nacer en nuestro continente una nueva República.

(Sucre en el Desaguadero)

En vez de formar: “un gobierno militar”, advirtió con acierto previsor lo siguiente: “pero ni éste es propiamente un gobierno ni yo podría presentar a los primeros hijos de la revolución las leyes de la milicia como los bienes que ellos esperaban de nuestra victoria”. Demostró con este acto su notable determinación republicana y su sentido último acerca de los fines de la independencia que, en vez de erigir a los jefes, debía fundarse sobre principios edificantes la vida de los países que surgieron luego de la ruptura con España.

Qué mayor expresión ratificaba allí en esa carta con la cual anticipaba la formación de Bolivia en la que anunciaba, asomado al futuro y a la historia: “la convicción en que estaba de lo odioso que se había hecho en otros países el poder militar, aún en manos de sus libertadores…”, y cuanto más lo sería después en manos de sus opresores.

Bolivia nació de sus victorias, de la grandeza de su causa, de la gloria del Libertador, de sus valores eminentes, de su virtud y su conducta incomparable como jefe, como hombre, como ciudadano y como republicano. Bolivia nació con el ejemplo de sus ejecutorias admirables, con los hechos de su actuación como estadista, de lo más puro de su significado como libertador de pueblos.

(Sucre, grabado antiguo)

Y mientras con su espada había destruido: “el yugo de una Nación opresora”, porque de esa forma los Libertadores apreciaban a España, no aspiraba otro destino para estas naciones sino: “El completo triunfo de la libertad”.

Sucre estuvo consciente desde el primer momento de su presencia en esa tierra, que se debía permitir que los departamentos se organizaran para manifestar el pronunciamiento libre de su voluntad democrática y republicana en una Asamblea que expresase la determinación soberana de sus habitantes.

La futura presencia del Libertador en esos parajes; las instrucciones que llevaba el representante de Argentina, y las manifestaciones formales del Congreso del Perú a favor del pronunciamiento de esas regiones, eran factores que contribuyeron a sus actos políticos en pro de la soberanía de aquellos territorios. El pronunciamiento libre de las provincias del Alto Perú fue sostenido por Sucre, respetando el deseo de los pueblos a los cuales sirvió con esmero y rectitud extraordinarias.

En su importante memoria a los pueblos dictada el 06 de agosto de 1825 -que se reunieron ese día en Asamblea para proclamar su independencia-, escrita desde su cuartel general en Chuquisaca, defendió procedimientos de alto valor democrático; la elección de empleados que contasen con la confianza de los ciudadanos y las corporaciones; la formación de la administración de justicia: “sin la cual no puede haber sociedad”, extendiéndola no obstante sus deberes militares a diversas ciudades del país; el impulso de la educación en todo aquel territorio, su deseo de crear la Universidad de La Paz, la mejora de los Colegios y sus cátedras en ella, en Cochabamba, en Chiquisaca, en Santa Cruz, en Potosí, en todas partes donde era necesaria la existencia de hombres verdaderamente libres.

(Sucre, medallón, Casa del Florero, Colombia)

¡Qué hermosa expresión de su sentido de gobierno señaladas ese día en los albores del nacimiento de Bolivia, de manera similar a como concluyó sus tareas como magistrado dos años después! Coherencia extraordinaria, convicciones profundas, conducta intachable en medio de las vicisitudes. Así expresaba Sucre su categórica postura: “He gobernado muy pocos meses, y en ellos no he omitido diligencia para sofocar las pasiones y someterlas a la ley. A ningún hombre se ha perseguido, ninguna propiedad se ha atacado; ningún ciudadano ha sido arrestado si no ha sido por la ley”. Cuanta similitud de ideología y de actuación con su mensaje de despedida pronunciado el 02 de agosto de 1828. 

Una sola dirección de pensamiento y acción, una misma conducta de integridad y de deber, una sola responsabilidad ante la causa americana demostró aquel hombre excepcional, el Gran Mariscal de Ayacucho, a quien la historia solo guarda honor y bendiciones.

La Asamblea que proclamó la Independencia del Alto Perú se fundamentó en el rechazo a la opresión, en el sagrado antecedente de haber sido: “en el continente de América el ara donde se vertió la primera sangre de los libres”; en el derecho y voluntad de: “gobernarse por sí mismos y ser regidos por la constitución, leyes y autoridades que ellos propios se diesen…”.

(Sucre, retrato antiguo)

Ese nuevo país adoptó en nombre de República Bolívar, y su capital se denominó Sucre, en honor a quien fue su preclaro presidente y bajo los auspicios de sus victorias nació esa Patria a la que el Libertador juró defender y que calificó como: “hijo precioso de mi gloria y de Colombia”.

Se cumplen 200 de la Independencia de Bolivia, y no existe mejor manera de recordarlo que ratificando los derechos de los pueblos, su independencia, su soberanía, la vigencia de sus instituciones republicanas y su libertad. Gloria al Libertador, gloria al Gran Mariscal de Ayacucho.

jfd599@gmail.com

(Tomado del diario El Universal de Venezuela)

Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram
WhatsApp

Esta entrada tiene un comentario

  1. Yeditza

    Excelente tema, muchas gracias por refrescar la historia eso es muy importante

Deja una respuesta

Ultimos articulos