Iran, New Repression. Irán, Nueva Represión.

José Félix Díaz Bermúdez

Since the arrest and death of Mahsa Amini, a 22-year-old Iranian young man on September 16, and the recent execution of Mohsen Shekari, a 23-year-old young man, who was detained during the massive protests that were unleashed by that event in the country, the conduct of the Iranian regime has once again been called into question.

She had been arrested by the so-called “morality police” alleging against her the inappropriate use of the hijab, the veil with which Islamic women cover their hair in their public activities.

She was detained and beaten as witnesses allege. The injuries inflicted on him caused his death and immediately a series of demonstrations lasted for several weeks in repudiation of the outrageous act.

The protest became general. A good part of the participants were young women who tore off their hijab and confronted the authorities who multiplied the arrests. According to an Amnesty International report, more than 15,000 people are in prison and more than 300 have been sentenced to death.

For his part, on December 9, Mohsen Shekari, a young man who participated in the protests in Tehran, was executed after being subjected to a quick and questionable trial, without true procedural guarantees and convicted under imprecise accusations, among them, having been: “enemy of God.”

Despite internal protests and international condemnation, the Iranian regime continues its actions and has indicated that the arrests and summary de facto procedures that are applied continue.

Once again in the Islamic world governed by strict canons firmly applied and often contrary to what many have interpreted as the true meaning of its spiritual mandates, the rigors of authoritarianism and the violation of essential human rights are revealed.

The right to life, to demonstrate and, in particular, to the equality of women, subjected to discriminatory acts and treatment, are superior universal values. The death of Mahsa, a young Iranian who did not have a particular condition that threatened her government, once again highlights the contradictions of the regimes of force that supposedly protect religious traditions and violate, in the end, the true meaning of being human. , their dignity, their fundamental rights and without which neither the fidelity of the principles nor the correctness of the customs that oppose the freedom of the individual, the respect and protection of society and the meaning that God gives them can be sustained, recognize the man.

Desde el arresto y la muerte de Mahsa Amini , joven iraní de 22 años de edad el pasado 16 de septiembre, y la reciente ejecución de Mohsen Shekari, joven de 23 años, quien fue detenido durante las masivas protestas que por aquel hecho se desencadenaron en el país, se ha puesto nuevamente en entredicho la conducta del régimen de Irán.

Había sido arrestada por la llamada “policía de la moralidad” alegando en su contra el uso inadecuado del hijab, velo con el que se cubren los cabellos de las mujeres islámicas en sus actividades públicas.

Ella fue detenida y golpeada tal y como alegan los testigos. Las heridas que se le infringieron le causaron la muerte y de inmediato una serie de manifestaciones se extendieron durante varias semanas en repudio al indignante hecho.

La protesta se hizo general. Buena parte de los participantes eran jóvenes mujeres que se arrancaron el hijab y se enfrentaron a las autoridades que multiplicaron los arrestos. Según un informe de Amnistía Internacional más de 15.000 personas están en prisión y más de 300 han sido condenadas a muerte.

Por su parte, el 09 de diciembre pasado, Mohsen Shekari, joven que participó en las protestas en Teherán, fue ejecutado habiendo sido sometido a un rápido y cuestionable juicio, sin verdaderas garantías procesales y condenado bajo acusaciones imprecisas, entre ellas, la de haber sido: “enemigo de Dios”.

No obstante las protestas internas y la condenatoria internacional, el régimen iraní continúa sus acciones y ha señalado que prosiguen las detenciones y los procedimientos de hecho sumarios que se aplican.

Nuevamente en el mundo islámico regido por cánones estrictos aplicados con firmeza y muchas veces contrarios a lo que varios han interpretado como el verdadero sentido de sus mandatos espirituales, se ponen de manifiesto los rigores del autoritarismo y la vulneración de derechos humanos esenciales.

El derecho a la vida, a la manifestación y, en particular, a la igualdad de la mujer, sometidas a actos y tratos discriminatorios, son valores universales superiores.

La muerte de Mahsa, una joven iraní que no tenía una condición particular que amenazara a su gobierno, vuelve a poner en evidencia las contradicciones de los regímenes de fuerza que resguardan supuestamente las tradiciones religiosas y vulneran, al final, el verdadero sentido del ser humano, su dignidad, sus derechos fundamentales y sin los cuales no se puede sostener ni la fidelidad de los principios ni la corrección de las costumbres que se oponen a la libertad del individuo, al respeto y la protección de la sociedad y al sentido que Dios le reconoce al hombre.

Ebraim Raisi, recientemente fallecido presidente de Irán

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Carolina

    Excelente artículo….

    1. José Félix Díaz Bermúdez

      Gracias Carolina, te agradezco circular nuestro contenido, saludos.

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