José Félix Díaz Bermúdez
(Este texto fue publicado el 01/01/2014 y ha sido publicado por distintos medios)
EVOCACION DE LAS UVAS DEL TIEMPO.
El 31 de diciembre de 1923, hace hoy 90 años, en una fría y solitaria noche en Madrid donde permanecía en ocasión a los homenajes que se le tributaron por su admirable obra: «Canto a España», Andrés Eloy Blanco escribió uno de los más recordados y significativos versos de literatura venezolana: «Las Uvas del Tiempo».
(Carta manuscrita del poeta)

En medio de aquella noche singular en una: «gran ciudad histérica» –como la definió– donde hombres y mujeres se confundían en la alegría de las celebraciones, nuestro poeta se atrevió a confrontar en el recuerdo y en el sentimiento dos presencias entrañables suyas y de todos: a la madre y su tierra. Era, pues, el momento en el que todos se: «colocan las vendas», olvidando el pasado, disfrutando el presente para recibir el porvenir.
(Estatua del poeta en su casa natal en Cumaná, Estado Sucre)

En un primer instante el poeta indicó que se encontraba solo, pero luego advirtió que no lo estaba al evocar a la madre distante y a la patria de todos. Observó la tradición de aquella tierra próxima: «las doce uvas de la Noche Vieja…», extrañando sin embargo que: «…aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!, /como en los pueblos de mi tierra…». «¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes/ sin conocerse, con la buena nueva!/ Las manos que buscan con la efusión unánime/ de ser hormigas de la misma cueva;/ y al hombre que está solo, bajo un árbol,/ le dicen cosas de honda fortaleza: / «¡Venid, compadre, que las horas pasan;/ pero aprendamos a pasar con ellas!», evocando también: «… el cañonazo en La Planicie, / y el himno nacional desde la iglesia, / y el amigo que viene a saludarnos: /»feliz año, señores», y a los criados que llegan/ a recibir en nuestros brazos/ el amor de la casa buena».
(Foto de Andrés Eloy Blanco durante su visita a España para recibir el premio por su poema «Canto a España»).

En su texto, Andrés Eloy exaltó la cena familiar, a los padres, a los hijos, a los íntimos amigos y a pesar que probó las: «ácidas uvas de la ausencia», su poema se iluminó de pronto al recordar: «mi casona oriental…» donde el parral crecido daba uvas también: «más dulces que la miel de abejas», uvas que pudieron salvarse de las: «avispas negras». Añoraba igualmente su infancia cuando permanecía en el estanque, «el corral con guayabos y almendros», «el corral con peonías y cerezas», «los grandes libros de la biblioteca», en la placidez de los años hermosos que formaron al hombre, en esa calidez humana que tanto le distinguió.
No obstante que las glorias de sus letras le llevaron a España a la que cantó de elevada manera a su cultura y a su historia, se preguntaba en su poema si se justificaba el no encontrarse cerca y cómo las aparentes grandes cosas resultaban pequeñas si se comparaban con lo entrañable y principal de la vida.
(Fachada Casa Natal de Andrés Eloy Blanco, Cumaná).

Mientras así reflexionaba, Andrés Eloy se definió entonces como: «un hombre en busca de un camino…», camino que encontraría plenamente en su obra literaria, ciudadana y política, al descubrir también, como lo hizo entonces, la vereda más próxima al afecto, al hogar, donde su imaginación y su poesía eran libres, «sin críticos».
(Detalle pasillo izquierdo de la Casa Natal)).

«Las Uvas del Tiempo» constituye una de sus más altas y populares expresiones poéticas de Andrés Eloy Blanco con la que nos permite valorar a la madre, al hogar, a la patria, la que fue, la que es y debe seguir siendo en el gesto cordial que forma parte de la esencia de lo venezolano y que tanto nos caracterizó en otro tiempo, una patria fraterna, con expresión sincera de sentimientos y propósitos en los que todos participaban y que, en definitiva, es lo que identifica y fortalece a una nación: su encarnadura humana, su actitud ante los otros, su presencia en la vida, «el buen racimo» que señaló el poeta, producto de ella misma y de todos.
Tal es siempre el admirable testimonio que nos ofrece Andrés Eloy Blanco, a quien se hace necesario estudiar otra vez en este tiempo de inadmisibles negaciones para afirmar lo mejor del alma venezolana que no permite claudicar al deber, al verdadero patriotismo, al significado trascendente de nuestra existencia como individuos y como nación.
http://www.poemas-del-alma.com/andres-eloy-blanco-las-uvas-del-tiempo.htm
CENTENARIO DE LAS UVAS DEL TIEMPO
(Publicado en El Universal, 07/07/2024)
En una noche, la última del año 1923, en el invierno de Madrid, nuestro poeta Andrés Eloy Blanco, escribió una de sus más renombradas composiciones: “Las Uvas del Tiempo”.
En un solo instante de inspiración poética dejaba escritos en versos admirables una de sus más sensibles obras que denotan el amor familiar, la tradición española y la lejanía de su patria.

Estos versos nos hablan del poeta y sus afectos, su noble condición de buen hijo, su elevada dimensión como escritor, que ve como: “pequeña cosa”, ante la ausencia, la gloria que ciñó su frente y que fue a buscar a España que le homenajeaba, admirada de su calidad literaria, al premiar en simbólico acto su inmortal: “Canto a España”.
Describió desde allá entre los sentimientos más profundos los recuerdos de su infancia: “¡Mi casona oriental!, aquella casa/ con claustros coloniales, portón y enredaderas…”, en la que su poesía era libre y hermosa, cantada por su madre: “yo no sé si los dices o los rezas…”, orgullosa por el hijo bueno y del grande poeta que de ella nació.
La tradición hispánica de las doce uvas al despedirse el año, las comparaba Andrés Eloy con las nuestras y, en especial, aquella que dice a los que pasan o a los que están: “Feliz año, señores”, seguido del abrazo fraterno que no discrimina a nadie y que desea el bien de todos.
(Andrés Eloy Blanco, discurso político en el Nuevo Circo de Caracas)

En contraste con los brindis en Madrid nos recuerda el poeta como los pueblos nuestros reciben un nuevo año con la: “efusión unánime” de afectos y cariños.
Si algún poeta ha recogido lo tradición venezolana y la ha elevado al rango superior de las letras, es Andrés Eloy Blanco. Nadie como él para cantarnos, nadie como él para enseñarnos. Sus versos los citan de memoria los venezolanos para quienes el poeta canta sus alegrías, canta sus esperanzas, canta nuestras tristezas.
La patria reconoce en él un bardo admirable y un civilista ejemplar. En las: “Las Uvas del Tiempo”, ya anticipaba, al margen de su lejanía entonces, que: “soy un hombre a solas que busca su camino”, y que supo encontrar en la angustia venezolana por las libertades democráticas, una causa por que se abnegó de manera singular dejando entre nosotros una lección imperecedera del servicio de un intelectual y de la dignidad de un hombre.
Su hijo Luis Felipe Blanco Iturbe, en ocasión a esta fecha centenaria, ha escrito un notable artículo titulado; “Un cuento de Hadas o Las Uvas del Tiempo”, un texto fundamental que debe conocerse y que ha sido publicada por News Fórum España: https://newsforumcommunications.com.es/ en su sección de Actualidad, Cultura y Diversidad.
Este distinguido médico, que ha seguido la tradición científica de su abuelo y la literaria de su padre, y a quien alguna vez llamó el poeta como su: “sabio taciturno”, nos presenta un relato anecdótico sobre las particularidades de la obra, su entorno y su trascendencia.
(Uno de sus más conocidos retratos)

Recordar a Andrés Eloy Blanco y celebrarlo, representa un elevado compromiso de patriotismo sustancial que nos obliga a servirla con desinterés y abrirle caminos de libertad y dignidad para que alcancemos un destino de pueblo grande.
Qué iba a imaginar el poeta que en esa España de sus primeros lauros que un Rey le otorgaría, un día su busto estaría en el parque El Retiro de Madrid, y que su nombre quedaría inscrito entre los altos literatos de la hispanidad. Esa España: “la España en cuyo fondo nos miramos muy pocos” como lo señaló, le admira, le celebra y le tiene entre los grandes hombres de su tiempo y el nuestro.
(Bandera Nacional que cubrió el féretro de Andrés Eloy Blanco)






