El significado de la Natividad

Natividad Chagall

José Félix Díaz Bermúdez

(Imagen principal, Natividad , siglo III. Estuco, Roma: catacumbas de Priscila)

He buscado durante muchos años en lo interno, en mis pensamientos, en la imaginación, en los rastros que la historia nos deja, la verdadera realidad del nacimiento de Cristo.

(Duccio di Buoninsegna, Natividad entre los profetas Isaías y Ezequiel , 1308-13011.  Washington: Galería Nacional de Arte).

Entender aquel suceso, lo ocurrido en aquel insólito pesebre, donde la vanidad no permite que un hijo nazca, donde una forma de sociedad rechaza, segrega la sencillez y pobreza de un alumbramiento, donde la discriminación separa entre unos y otros, crea un profundo problema moral, humano, cultural, religioso, un agudo reclamo de verdad en lo que la vida representa.

 

Cuando te acercas al pesebre de Cristo, humilde, solitario, ausente de objetos que no sean aquellos donde se guardan instrumentos de arado, paja y pernoctan los animales dimensionamos sin saberlo la realidad de nuestras vidas, lo que somos y poseemos, lo que jerarquizados los unos y los otros, lo que supone en nosotros mismos la exigencias de nuestra vida material en base a la cual escogemos y agrupamos y separamos distinguiendo y calificando entre seres humanos.

(Adoración de los Pastores, Rubens, 1608)

Creemos que la lección y significación de aquel nacimiento del pobre niño de Belén, sin estancia segura, en la urgencia del padre que imploraba un lugar, en medio de los dolores de una virgen fatigada, cansada, impaciente, va mucho más allá, señala lo que somos, señala categóricamente lo que debemos ser.

El nacimiento de Jesús tiene como todos un elemento físico y un elemento espiritual. Nos muestra su pobreza, su urgencia, su rustiques; nos muestra la angustia de la hora, la inevitabilidad del suceso en la noche, sin recursos inmediatos y propios, su realidad y terrible necesidad. Nos enseña también en el plano moral su riqueza extraordinaria, su verdad inevitable, confrontadora y acusadora al presentarnos el cuadro del hijo de Dios naciendo en un pesebre.

Quien miraba la conciencia de una mujer o de un hombre al solo mirarlo y encontrarlo, quien percibía el estado de quien se le acercaba, el Padre Pío, santo de Dios, realizó en mi concepto la más auténtica de las descripciones, la más fidedigna de cuantas conozco de la llegada de Cristo y señalaba:

(Sandro Botticelli, Natividad mística , 1501. Londres: Galería Nacional).

“Lejos en la noche, en la época más fría del año, en una fría cueva, más adecuada para un rebaño de bestias que para los seres humanos, el prometido Mesías – Jesús – el salvador de la humanidad, viene al mundo en la plenitud de los tiempos.

No hay nadie que clame a su alrededor: sólo un buey y una mula dando su calor al recién nacido, con una humilde mujer, y un hombre pobre y cansado, en adoración a su lado.

Nada puede ser oído, salvo los sollozos y gemidos del niño Dios.

Y por medio de su llanto y lágrimas, él ofrece a la justicia divina el primer rescate por nuestra redención.

Sólo unos pastores, que habían estado ocupados cuidando sus ovejas en los pastos, vienen a visitarlo.

Visitantes celestiales les habían alertado del suceso maravilloso, invitándoles a acercarse a su cueva.

¡Son abundantes, Oh cristianos, las lecciones que brillan desde la gruta de Belén!”.

(Domenico Ghirlandaio, Natividad y adoración de los pastores , 1485. Florencia: Basílica de Santa Trinita) .

En contraste con las cosas del mundo, con lo que apunta como prioridad y escogencia que cada uno realiza, el nacimiento de Cristo señala una verdad histórica y una verdad moral, tal como el Padre Pío lo describe. Por un lado, el esplendor de las apariencias humanas:

La respuesta de Dios fue diferente, ajena a lucimientos, contraria a la riqueza humana, opuesta al engreimiento de la gente. Escogió para su hijo que presentó a este mundo escaso y limitado: “Pobreza, humildad, abyección, desprecio, todo alrededor de la Palabra hecha carne” y finaliza como lo expresa Pío con elevado simbolismo:

“Él está satisfecho con adoradores humildes y pobres, para animarnos a amar la pobreza, y preferir la compañía de los más bien pequeños y simples, que de los grandes del mundo”.

(Giotto di Bodone, Natividad de Jesús , Padua: Capilla Scrovegni).

Independientemente de cómo lo veamos, el verdadero nacimiento está en nosotros, en nuestra comprensión de la vida, en nuestra comprensión de lo que somos y aspiramos, en lo que hacemos a nosotros mismos y a los otros.

La escogencia está presente, el sentido de la vida, de nuestra vida rica o pobre tal y como la hacemos. Es el reclamo, la lección, la virtud y la verdad perenne del nacimiento de Jesús, el hijo de Dios entre nosotros aquella noche en Belén, que nos trajo en medio de nuestras tribulaciones y contradicciones un salvador.

 

(Tomado del diario El Universal, Venezuela, 28/12/2025)

                                                                                                                      (Natividad, Fray Angelico (1390-1455). Fresco).

(Natividad, Piero della Francesca, 1460-1475). 

 

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Gloricarmen Rivas

    Gracias profesor por sus enseñanzas y legado
    Ejemplo para nuestras nuevas generaciones.
    Dios lo bendiga en Salud.

  2. José Félix Díaz Bermúdez

    Muchas gracias por tu amable comentario. La idea es enseñar, aprender, desarrollar criterios y formar valores. Un abrazo.

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