Desde Buenavista

Carabobo representó el triunfo del ideal de libertad, de independencia, de soberanía que significaba posibilidades y retos diferentes a los propios de una colonia.

Allí desde la altura, desde el cerro privilegiado en el cual Bolívar observó el desenvolvimiento de la batalla de Carabobo, la última fundamental en la que se decidió el destino de Venezuela, cuál fue su determinación, cuál su cálculo, cuál su entusiasmo superior al ver como su plan se verificaba y se lograba, en medio de la contienda, la libertad de la patria.

Habían pasado varios años de implacable guerra en nuestro afligido territorio. Las poblaciones padecieron los rigores de la lucha. Ni los realistas ni los republicanos estuvieron en paz. Durante el período de la llamada Guerra a Muerte aquel enfrentamiento fue terrible. Liberar a Caracas que siempre había sido un objetivo, tuvo que postergarse, el desplazamiento y la perspectiva de la acción cambió convenientemente a otros lugares.

Quien en Buenavista veía materializar sus sueños y sus sacrificios, aspiraba alcanzar la verdadera libertad de su pueblo. Bolívar era enemigo de la opresión, de la dictadura, del irrespeto a los derechos del hombre y aspiraba el triunfo de las ideas liberales de su época y la consolidación de la República.

Desde Buenavista se quiso apreciar el surgimiento definitivo de la unidad política; el esplendor de las instituciones; la fortaleza del derecho; la virtud ciudadana; la rectitud y el equilibrio del gobierno; la división de los poderes; la prosperidad de la Nación y la extensión de la independencia al resto de la América.

La guerra finalizaba en Carabobo precisamente para ello, no para que se eternizara en el poder la nueva tiranía, las: “adquisiciones de sus lanzas” como amargamente advirtió posteriormente, personificada la ambición y el dominio en hombres como Páez y otros de menor jerarquía, otros que dominaron pueblos y que impidieron y afectaron el sentido digno, próspero y democrático de un país.

Carabobo representó el triunfo del ideal de libertad, de independencia, de soberanía que significaba posibilidades y retos diferentes a los propios de una colonia, lo que representaba y representa desenvolver con propiedad y acierto la conducción ejemplar y útil de una Nación.

Aquella: “libertad racional” que señalaba Miranda y que el propio Bolívar entendió como pocos en medio de las dificultades de una sociedad insipiente como la nuestra entonces en la cual los efectos de la tiranía, la desorganización y el autoritarismo se manifestaban.

“Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político la República de Colombia” expresó a Santander como aspiración de unidad y la consolidación política y humana de un gran país aún por realizar. La Colombia que previó se dividió y fragmentó gracias al impulso del localismo y la ambición de los jefes.

Desde Buenavista puede contemplarse la obra que inició, la que aún falta por hacer, con logros pero aún los males existentes, los vaticinios lamentables posteriores realizados pero aún puede apreciarse ante el recuerdo de la ejemplar batalla toda la magnitud de su presencia, toda la magnitud de su acción, toda la magnitud de su propósito, del reto aún presente y necesario, aún por alcanzar para gloria, grandeza, esplendor y bienestar de Venezuela.

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