De la Espriella y las elecciones de Colombia

José Félix Díaz Bermúdez

Se ha verificado con la masiva concurrencia del pueblo colombiano en las urnas, con una participación de más del 57% de los electores, en medio de un escenario de marcada polarización política y con las perspectivas evidentes de un cambio significativo, la victoria del candidato derechista Abelardo de la Espriella, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales realizadas el 31 de mayo pasado.

El escenario en el cual se produjo esta elección fue muy difícil. La presencia de bandos encontrados; la dolorosa manifestación de la violencia política que tristemente costó la vida del ex candidato presidencial, Miguel Uribe Turbay; la existencia de factores que intentan desequilibrar la vida del país a cualquier precio, hace de la realidad colombiana un verdadero riesgo y, además, un verdadero peligro para las fuerzas democráticas.

No obstante las frecuentes amenazas y la propia actuación evidenciada por el gobierno del presidente Gustavo Petro, quién no actuó el día de la elección como un verdadero Jefe de Estado mostrando en público su voto y colocando en duda el resultado avalado por el organismo electoral, la democracia y sus instituciones en Colombia, han resistido y se sostienen por mandato de la ley, de sus organismos y de la voluntad de esa Nación, la cual debe decidir el próximo 21 de junio, quien será el nuevo presidente del país y su nueva administración ejecutiva.

Ante las sospechas de un supuesto fraude anunciado por el presidente Gustavo Petro el mismo día de la elección, la respuesta del Registrador Nacional de Colombia fue contundente al manifestar que los resultados: “…fueron impecables…”; defendió la labor de las mesas y cómo las mismas participaron, controlaron, vigilaron y aseguraron los votos; señaló que en estas elecciones utilizaron la misma tecnología y máquinas electorales que en el pasado sirvieron para proclamar el triunfo al actual presidente de la República; indicando, finalmente, que las conclusiones de los observadores internacionales fueron favorables al desarrollo del indicado proceso.

La posición del candidato perdedor Iván Cepeda, no tuvo la misma beligerancia del presidente Petro, y formuló al candidato de la Espriella el reto de asistir a un debate entre ambos el cual fue aceptado por el mismo.

Varias conclusiones se desprenden de esta primera vuelta electoral presidencial en Colombia: existe un altísimo grado de polarización entre la derecha y la izquierda política, orientándose la tendencia electoral hacia los extremos; el centro político no alcanzó los niveles esperados, y sus actores en su mayoría, de manera inmediata, se pronunciaron a favor de dirigir sus votos a favor del candidato de la Espriella; el presidente Petro ha sido acusado de irrespetar el debate electoral al desconocer sin fundamento el resultado, y al exponer un elemento de inestabilidad y de dudas sobre el proceso realizado sin aporte de pruebas; las instituciones de Colombia y en especial la Registraduría Nacional, han defendido públicamente su autonomía frente al Ejecutivo y, en tal sentido, declaró su rector poder garantizar con la debida observación y controles internos y externos, el respeto a la decisión política de los colombianos.

Con esa postura de defensa de las instituciones democráticas; de acatamiento a la voluntad popular; de rechazo a la tentativa de desconocer e irrespetar la expresión definitiva de las urnas; con el apoyo internacionalmente expresado a favor de la democracia en el país, Colombia y el continente se fortalecerá en sus instituciones  políticas, y, además, asegurará el giro mayoritario a favor de gobiernos de derecha en respuesta a los deficientes resultados alcanzados en América Latina en estos últimos veinte años por gobiernos de izquierda que en la mayoría de los casos no han resuelto los problemas esenciales; se han visto expuestos a frecuentes escándalos que afectan la imagen de muchos de sus dirigentes, todo lo cual, entre otras razones, ha deteriorado su prestigio desde Europa hasta América, estimulando la presencia de una nueva dirección política en la gran mayoría de sus respectivos países en respuesta al populismo, los malos resultados económicos y sociales, el deterioro de la democracia, y el creciente atentado contra el equilibrio político y los derechos humanos, lo cual afecta la convivencia de las fuerzas políticas y el bienestar de la población.

El avance de la extrema derecha en Europa se manifiesta en distintos países en los cuales varios dirigen los gobiernos o forman parte de coaliciones en los mismos.

Por nuestra parte, la tendencia de los gobiernos de derecha en el continente americano es aún mayor, y se concreta en la mayoría de los países desde Estados Unidos y hasta Argentina, tales como son los casos de Chile, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Honduras, El Salvador, Panamá y República Dominicana, entre otros.

Los previsibles resultados en Colombia y en Perú, así como en Venezuela, en caso de una futura elección presidencial, conformarían un cuadro político sin precedentes demostrativo de una realidad política distinta a favor del libre mercado, la redimensión del Estado, la propiedad privada, la inversión de empresas extranjeras, el restablecimiento de la seguridad jurídica, la conformación de fuertes alianzas comerciales y financieras, y la afirmación de una nueva realidad geopolítica liderada por los Estados Unidos de Norteamérica.

jfd599@gmail.com

 

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