Bicentenario de la Presidencia de Sucre

José Félix Díaz Bermúdez

Cuando el 27 de mayo de 1826, exaltado por la victoria de Ayacucho, Antonio José de Sucre, entonces en el territorio de Bolivia, le respondió al Presidente de su Congreso Constituyente del país sobre el requerimiento que le hizo ese cuerpo soberano para que asumiera la primera Magistratura del nuevo Estado, el Gran Mariscal contestó que la misma le suponía un conflicto porque: “…declararé siempre que, alistado desde mi infancia en las filas que han combatido por la independencia, no he aprendido sino los deberes de un militar…”, advirtiendo con responsabilidad extraordinaria que: “…por consiguiente, voy a colocarme entre muchos errores al emprender una nueva carrera en el gobierno de los pueblos…”, lo cual no era su deseo pero, sin embargo, lo aceptó, y su gobierno constitucional inició, de acuerdo a la Ley del 26 de mayo, a partir de ese histórico momento.

(Arriba, óleo de Arturo Michelena sobre el Gran Mariscal de Ayacucho Presidente de Bolivia. Abajo, otro Retrato del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre como Presidente de Bolivia)

Al augusto recinto donde los constituyentes de Bolivia a nombre de su pueblo iniciaron sus sesiones, asistió el héroe extraordinario, pleno de virtudes y de hechos superiores, digna su vida, transparente su conciencia, admirable su hoja de servicios en favor de la libertad y de la Patria.

“Juráis por dios y estos Santos Evangelios respetar y hacer respetar la religión católica; observar y hacer observar las leyes de la república; proteger la libertad individual, la propiedad y demás derechos del ciudadano; ¿y gobernar con sólo el objeto de la felicidad y la gloria de Bolivia?”, preguntaron, a lo cual respondió Sucre afirmativamente, palabra honrada y verdadera; palabra inquebrantable; palabra auténtica y cierta de verdadero patriotismo y republicanismo.

Desde el comienzo, sus esfuerzos se orientan a favor de la educación; a mejorar la organización de las escuelas y la composición de sus directores y maestros; a que los gastos fueran sostenibles; a que existiera un equilibrio entre todos los establecimientos existentes, así como también que los hospicios de mendigos fueran bien administrados, recibieran y atendieran a los necesitados.

(Retrato poco conocido del Gran Mariscal de Ayacucho)

Le interesó sobre manera que los prefectos fueran hombres que gozaran de: “muy buena opinión” y competencias y que supieran cumplir sus deberes. Sus medidas legislativas, sus Decretos, por ejemplo, tal y como se lo indicaba al Libertador, los meditaba mucho y, sin embargo, seguían con prontitud su curso administrativo.

(Retrato de Sucre, detalle)

Entre sus consideraciones internacionales del momento se encontró la buena marcha del Congreso de Panamá, a favor de: “una causa continental americana” y que, supremo mandato: “conservemos la paz que tanto necesitan nuestros pueblos”. Su objetivo no era otro que la buena marcha del Estado y el feliz establecimiento de Bolivia.

Sus promesas y compromisos con la nueva Nación, manifestados ese 28 de mayo al asumir la presidencia, no pudieron ser más nobles y más edificantes: “…exigí de los representantes del pueblo que en la elección de su gobierno se animaran de un espíritu todo patriótico y todo boliviano”, ofreciendo como lo hizo su espada no para someter y castigar, no para humillar o perseguir, sino para: “colocar la república al abrigo del desorden como de la tiranía”; tiranía que fue española, cierto, pero que fue nuestra también los gobernantes se transformaron en enemigos de sus ciudadanos.

(Sucre, Grabado antiguo)

Declaró dos principios esenciales propios de su carácter y de su misión en la historia y en la política: que su gobierno se distinguiera por su fuerza moral, y por la satisfacción de los pueblos. Así nació Bolivia bajo los auspicios admirables de Bolívar y de Sucre.

Apreciando la existencia trascendente y responsable de un Congreso y la del Poder Ejecutivo, el 5 de junio de 1826, solicitó Antonio José de Sucre al cuerpo legislativo una ley que determinara las atribuciones presidenciales, en contra de las: “facultades ilimitadas”, que calificó como un hecho: “monstruoso”. Su respeto al derecho, a la libertad, al equilibrio del poder, a la soberanía popular, constituye uno de sus más señalados principios y ejemplos como ciudadano y como magistrado, como general y como hombre.

En el Reglamento de Policía sancionado el 24 de junio de 1826, al describir las funciones de los Intendentes, de los Comisarios de Policía, los transformó en autoridades encargadas de velar por la existencia de vacunas; la igualdad y la equidad entre los militares y vecinos; la existencia de abundantes comestibles para la población; el respeto a la moral pública en las plazas; la prohibición de mendigos en las calles y la obligación de asistirlos en hospicios; la limpieza y tranquilidad de las ciudades y los pueblos.

 

(Sucre, casaca militar)

Para acabar con viejos impuestos coloniales que gravaban injustamente a los indios, Sucre propuso y defendió el establecimiento de la contribución directa para distribuir equitativamente entre la sociedad la obligación de pagar impuestos. Esa medida fue objeto de disputas y rechazo por intereses opuestos.

Contra los delincuentes: “ladrones cuadrilleros”, militares o civiles, sancionó la ley que disponía la pena de muerte.

Sucre, en materia exterior, defendió la soberanía e independencia de Bolivia ante todos los Estados limítrofes, e inclusive amenazó militarmente a Brasil si transgredía sus fronteras, así como también retirar los agentes de aquella ante el gobierno de Buenos Aires sí no reconocían formalmente al país.

(Cuadro al óleo del Gran Mariscal Sucre del pintor Víctor Rodríguez, fundador del Círculo de Bellas Artes, propiedad del autor)

Sobre la libertad del resto de los pueblos americanos, el Gran Mariscal Sucre le ofreció al Libertador la presencia de un: “batallón y escuadrón bolivianos” para luchar por la independencia de la Habana (Cuba).

Uno de sus disposiciones administrativas más notables fue el apoyo a la educación: la extensión de la misma a todos los “pueblos y villorrios”, tal y como lo registró un extranjero admirado por su empeño civilizador. Los bienes de la Iglesia fueron reorganizados y asignados muchos de ellos a Colegios y Escuelas. Sus resoluciones a favor de la educación de las mujeres fueron extraordinarias y avanzadas. Su obra en materia de hospicios y de salud pública fueron novedosas y protectoras.

Sucre se esforzó en la creación de hospitales; en la difusión de la vacuna antivariólica; en erradicar la malaria y sanear la laguna de Mizque en Cochabamba, al descubrir cómo hizo, que la abundancia de agua en la misma contribuía a la enfermedad.

(Uno de los últimos retratos grabado del Gran Mariscal de Ayacucho ordenado por su esposa la Marquesa de Solanda, en la obra de Laureano Villanueva, Vida del Mariscal Sucre, 1884, ordenada publicar durante el gobierno del general Joaquín Crespo)

No obstante que los pueblos estaban satisfechos por su presidencia en Bolivia, y no obstante habérsele ofrecido la Presidencia Vitalicia, Sucre la rechazó indicando que su presidencia no se extendería sino hasta el año de 1828. Nadie como él tan constante para rechazar del poder y no perpetuarse en el mismo y reconocerle a los pueblos sus derechos de elegir a sus gobiernos sabios y virtuosos.

Su discurso de despedida de Bolivia, el 02 de agosto de 1828, es el mensaje más extraordinario de desprendimiento y de virtud patriótica que se haya pronunciado en América.

Su presidencia constituye uno de los más altos ejemplos de institucionalismo, civilidad y responsabilidad política en una América Latina que viviría luego de él autocracias, dictaduras, tiranías que contradijeron su legado histórico al servicio de la libertad de las Naciones y el derecho de sus ciudadanos.

(Gualdrapa del Gran Mariscal Sucre, Bolivia)

Este bicentenario debe representar un compromiso cierto para la edificación constructiva de la política, del derecho, de la democracia y del republicanismo, en todo el ámbito de nuestro continente, a favor de los pueblos de América.

jfd599@gmail.com

(Tomado de El Universal, domingo 14/12/2025)

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