José Félix Díaz Bermúdez

(Imagen diario Las Américas)
La derrota política, la derrota electoral, la derrota democrática, de la que tantos huyen en esta nueva forma de actuar de la autocracia moderna: revestida de manejos tecnológicos; de sofismas legales: de ardides “institucionales” y mediáticos; de apego y desapego según las conveniencias, a las constituciones; de juegos territoriales y alianzas peligrosas capaces de levantar nuevos odios y regresar a etapas superadas de la historia, es la que los pueblos infringen en momentos estelares, decisivos, como lección consciente y plena de sabiduría ciudadana, a los dirigentes, líderes, partidos, gobiernos, tal y como es el caso reiterado en España al señor Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España y Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Su ascenso al relevante cargo ya cuenta tres períodos desde el año 2018 y ello, últimamente, en virtud de alianzas políticas con grupos nacionalistas e independentistas, cuestionadas por amplios sectores de la oposición en España, no obstante haber perdido en número de votos, las pasadas elecciones generales de julio del 2023.

Estos acuerdos con tales sectores opuestos a la unidad de España, le han sostenido de mil formas, según la oposición, al contrariar los dictados esenciales del interés nacional de los españoles celebrando acuerdos que privilegian a esos grupos y sus territorios en condiciones desiguales ante otros.
Son numerosos los señalamientos que se le formulan: El gobierno del presidente Sánchez ha concedido amnistías a miembros de esos grupos, juzgados varios de sus integrantes por diversos delitos cometidos. Igualmente, se le imputa que ha afectado la política internacional de España con posturas en contra de la OTAN, en materia de presupuestos de defensa y en cuanto a los compromisos del país en apoyo a los Estados Unidos en el conflicto con Irán y, por otra parte, en materia de democracia al no ejercer una posición firme en resguardo de la legitimidad y transparencia de los procesos electorales y políticos en diversos países de América Latina.

A lo largo de estos años, elección tras elección, el deterioro del gobierno español encabezado por el presidente Sánchez se ha hecho cada vez más evidente. Se le critica no admitir un inmediato llamamiento a elecciones para acogerse a la voluntad general de los españoles y superar la crisis política, el reclamo constante contra sus acciones, los escándalos, el enfrentamiento contra el poder judicial, el deterioro del prestigio de España a nivel internacional, entre otros asuntos.
(Imagen Trump y Sánchez, EFE)
De la misma manera, se están desarrollando numerosos procedimientos judiciales contra figuras claves de su entorno político: ex ministros, asesores, su cónyuge Begoña Gómez, su hermano, así como también contra sus aliados y mentores políticos, tal y como es el caso reciente de la imputación formulada contra el ex Presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero.

(Imagen de El Español)
Observarlas y analizadas las numerosas sesiones del Congreso de España en estos años, se nos plantea la reflexión de hasta cuando un gobierno puede resistir la presencia de tal elevado descontento sin preferir propiciar la salida política de convocar elecciones generales anticipadas, y cada vez que acude a una de ellas a nivel municipal y regional, se produce la derrota, tal y como acaba de ocurrir en las regionales en Andalucía, antiguo bastión del socialismo, en la cual se produjo la victoria del Partido Popular, el avance de Vox (ambos partidos de derecha), la pérdida de diputados por parte del PSOE, la derrota de una ministra principal del gobierno quien fue la candidata, y el progreso de grupos de izquierda separados de este histórico partido.

El cuestionamiento a la actuación de Pedro Sánchez proviene no solamente de factores distintos partidistas de la oposición política, encabezada por el Partido Popular, sino también de figuras históricas del mismo socialismo, tal y como es el caso de Felipe González, uno de los más importantes políticos españoles, actor fundamental de la transición democrática del país luego del régimen dictatorial del general Francisco Franco.
Pero no solamente la derrota política de Sánchez y su gobierno se ha producido en todos los varios eventos electorales municipales y regionales españoles, y que anticipan su definitiva derrota en el año 2027. En forma dramática, la pérdida de apoyo político se hizo presente en diversos actos y sucesos parlamentarios: 142 de sus iniciativas del PSOE en materias de economía, energía y ambiente, no fueron aprobadas; 115 votaciones en contra recibieron sus propuestas en materia de gastos de defensa, inclusive por parte de sus aliados el partido Sumar; sus iniciativas en materia de subsidio por desempleo, impuestos a empresas energéticas y el paquete ómnibus, no pudieron avanzar; la más grave, entre todas es la no aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, hecho insólito en la vida política española, y sumamente criticado por la oposición.

Ante toda esta debacle política, una de las derrotas más representativas, según los analistas, fue la propuesta de Ley de Proxenetismo, la cual no fue respaldada por ninguno de sus aliados con 184 votos en contra y 33 abstenciones.
Evadir, cuestionar, entorpecer las tendencias políticas mayoritarias que cada vez más exigen elecciones o salidas políticas consensuadas a las graves crisis que los países confrontan, es un grave error en cualquier lugar, y más en Europa, lo cual constituye un retroceso inadmisible al acatamiento de las realidades sociales y al respeto que debe merecer la opinión pública en cualquier sociedad democrática civilizada.
Si la democracia solo depende de elecciones y se impide, afecta, deteriora a lo largo de la duración de los gobiernos su revalidación constante, su efectiva legitimidad, la misma resulta una ficción, ya que la misma es opinión y participación frecuente, es respeto a la voluntad general, es acatar el justo y razonable sentimiento de los pueblos, principio admitido por la política, resguardado por la Constitución, demandado por la sociedad y ante lo cual no puede oponerse un gobierno que dimane de ella.

Tan grave y delicada es la situación actual de España que tal y como lo ha expresado recientemente el ex presidente de gobierno José María Aznar: “… las próximas elecciones en España se van a plantear no directamente, pero sí en sus consecuencias, como una elecciones constituyentes”. “Son palabras mayores y lo digo. Yo creo que la coalición actual encabezada por Sánchez, va a promover a los españoles y algunos ya lo han dicho, que el sistema constitucional se ha terminado, el que hemos conocido hasta ahora y que el sistema, por supuesto, la monarquía parlamentaria se ha terminado y que España tiene que configurarse como una confederación de repúblicas nacionales, entre otros eso significa reconocimiento nacional de Cataluña, reconocimiento nacional del País Vasco, eso va a ser la consecuencia de las próximas elecciones”. Y ojalá con ello no se destruya la estabilidad de la democracia española, la unidad de la nación, la vigencia de sus instituciones y la convivencia democrática que tanto se ha costado alcanzar luego de la Guerra Civil.
(Tomado de El Universal, 24/05/2026)




