José Félix Díaz Bermúdez
El año de 1783, fecha en la cual en Caracas nació Simón Bolívar, fue decisivo para el destino de Francisco de Miranda. Representó un momento de transformaciones, de cambios, de encrucijadas, de rompimientos. Había cumplido a favor de España con lealtad y honor misiones de importancia. La última y más relevante, haber contribuido con la independencia de los Estados Unidos en la Toma de Pensacola en 1781.
(Ataque a Pensacola, detalle, grabado de la época)

(Sitio de Pensacola, Florida, grabado de 1781)

Embarcado Miranda de manera clandestina hacia ese país en el año de 1783 para apreciar de cerca las circunstancias, los acontecimientos, los personajes y la potencialidad de su nueva Nación, los Estados Unidos recibieron en ese mismo año el reconocimiento de su independencia por parte de Inglaterra, lo cual fue relevante porque le aseguraba en paz la continuación de su evolución política y social en paz y libertad.
(Salón de la Independencia, Filadelfia)

Charleston y Filadelfia fueron sus primeros destinos. En esta última ciudad apreció seguramente las dificultades relativas a la situación del Congreso de los Estados Unidos y el grado de autonomía que tenía o no en el lugar. En medio del conflicto, el federalismo que algunos sostuvieron, cedió paso a una posición de mayor autoridad y fortaleza política.
(George Washington, Comandante en Jefe, entrada triunfal)

El desmantelamiento del ejército ya finalizada la guerra y la posición relativa a la solidez del gobierno, asunto que sostenía entre otros varios de los amigos de Miranda, James Madison y Alexander Hamilton, sería objeto de la apreciación del venezolano excepcional, curioso de conocer las exigencias que enfrentaría a aquella sociedad que nacía rompiendo todos los esquemas anteriores de monarquía y de absolutismo. Por su parte, el general George Washington, jefe principal de la Revolución norteamericana, sostenía el criterio de que el Congreso no debía disolver al ejército sin reconocerle sus derechos económicos. La realidad es que el gobierno federal estaba perdiendo su autoridad.
(James Madison, 1792)

En julio de 1783, Miranda estuvo en Beaufort y navegó el río Newport. En Filadelfia, a finales de año, intensificó su presencia social y política, y entre otros, hizo contacto con John Penn, ex gobernador de la provincia y con familiares del general Mifflin.
Observó y valoró con mucho interés en el lugar la libertad religiosa que allí existía, las celebraciones religiosas y los cantos en varias de ellas, en particular de los anabaptistas cuya forma de expresar los salmos le causó mucho agrado.
En numerosas ocasiones asistió y participó en veladas culturales y políticas en las cuales expresó sus autorizadas ideas y amplios conocimientos. En septiembre de 1784, estuvo en una de ella en Newport, Rhode Island, en la cual se destacó por la profundidad y agudeza de sus reflexiones.
Pero mucha más allá de aquel profundo conocimiento geográfico, social, cultural y político de la Nación norteamericana que adquirió en sus extensos recorridos, mucho más allá de apreciada presencia en los salones y en las discusiones en las cuales destacó por su libertad de espíritu, erudición y dominio intelectual, él que había estudiado, interpretado y traducido las obras de los principales pensadores argumentaba sus ideas y los alcances aplicables a la nueva sociedad que descubría; expresaba su interés a favor de que la revolución de independencia fuera continental; invitó a los padres fundadores de Norteamérica a que comprendieran y apoyaran la necesidad de liberar a las colonias españolas, invitaba, impulsaba la comprensión de una mayor proyección de la historia. Su presencia en los Estados Unidos fue celebrada y acogida con agrado y fue admitido en los principales círculos en todas las ciudades que visitó.
(Thomas Jefferson por Mather Brown, 1786).

Indudablemente, reiteramos, la Revolución Norteamericana recibió con beneplácito a Francisco de Miranda durante aquel tiempo de su primera estancia entre los años de 1783 y 1784, y también posteriormente, durante su segunda visita al momento de intentar llevar a cabo el proyecto de liberar a Venezuela en 1806, no obstante las limitaciones políticas que Estados Unidos tenía frente a España y las cuales que impedían la actuación del gobierno norteamericano para impulsar abiertamente la empresa de la independencia de América Hispana.
No obstante lo anterior y luego de haberse entrevistado con numerosos personajes políticos, gobernantes y militares relevantes, en diciembre de este año 1805, le aseguró al coronel W.S. Smith que ya contaba con la aceptación tácita del gobierno de los Estados Unidos para sus planes revolucionarios sobre Venezuela y el subcontinente.
Uno de los sucesos relevantes de la presencia de Francisco de Miranda en los Estados Unidos fue la histórica entrevista con el Secretario de Estado, James Madison, entre el 10 y el 11 de diciembre de 1805, quien luego de conversar durante varias horas con el Precursor le indicó que no se opondrían al apoyo que particulares le ofrecieron para emprender la expedición liberadora de Venezuela que Miranda organizó a bordo del Leander y otros barcos en 1806. Terminó aquel encuentro amistoso y fecundo con el Presidente Jefferson, quien lo invitó a departir con él entre familiares y Congresistas. En la mesa en admirable Precursor habló sobre todo lo que la América Española representaba y representaría para el Mundo y para el propio afianzamiento y relevancia del continente Americano.
(Retrato de Francisco de Miranda, pastel sobre papel, anónimo, 1806)

El 22 de enero de 1806, Miranda se despidió formalmente desde Nueva York tanto de Madison como de Jefferson, y a esta último le señalaba: “Si por casualidad el feliz vaticinio que Vm. Pronunció sobre la suerte de nuestra querida Colombia debe cumplirse en nuestros días, quiera la Providencia que ello sea bajo vuestros auspicios y por los generosos esfuerzos de sus propios hijos. Entonces se verá renacer en cierto modo el siglo de aquel ilustre romano que invocaba el retorno en favor del género humano…”.
Francisco de Miranda dejó en los Estados Unidos una huella singular y supo vislumbrar como ninguno en ese tiempo las posibilidades del futuro de las Américas libres e independientes sin excepción, afianzadas sobre la base de la República, la prosperidad, la igualdad, la unidad, el derecho, jurando como lo hizo en Jacmel: “…ser fiel y leal al pueblo libre de Sur América…” aquel 24 de marzo de 1806, saliendo a encontrar después de tantos años y esfuerzos las costas de Venezuela.
(Tomado de El Universal, 19/07/2026)
(Imagen principal, estatua de Miranda en Filadelfía, Pensilvania)





