Leer, escribir, pensar y trascender.

 

José Félix Díaz Bermúdez

 

Si algo nos debe preocupar de esta sociedad que ha surgido y que se implanta entre las nuevas generaciones, esta sociedad de lo inmediato y de lo fácil en la cual las informaciones circulan en segundos, se hacen visibles y navegan indiscriminadamente en la red, en la red que todo supuestamente lo sabe y todo lo puede y que supera cualquier intento de análisis y de reflexión propia, es que muchos ya no quieren leer, investigar, pensar, escribir.

(Códice Hammer de Leonardo da Vinci)

 

Todo lo que suponga un esfuerzo adicional, constante, detallado, profundo como debe disponer el que investiga un tema y procura alcanzar necesarios niveles de conocimiento, tal y como corresponde a aquel que debe estudiar y discernir un tema como parte de sus deberes escolares, la formación individual o la profesión para el adecuado entendimiento del mundo en el que vivimos, se rechaza cada vez, se asume como una obligación pesada ante la cual reaccionan negativamente los niños y los adolescentes, los jóvenes.

Aquel tener en la casa bibliotecas, aquel hecho cotidiano de recibir los periódicos principales impresos, se ha perdido cada vez más en este país, y en otros, donde las ideas escasean, el debate no es libre y fecundo como antes, la cultura y la información impresa es de otra época, no por un acto de conservación del medio ambiente por el uso del papel, sino por la indisposición particular de algunos ante la necesidad de dedicar tiempo suficiente para estudiar y aprender, crecer y realizarse previos al decidir y al actuar.

Ahora para tantos y tantos, la Inteligencia Artificial lo resuelve todo, lo busca, lo descubre, lo interpreta y lo redacta. Nuestro esfuerzo principal se reduce a encontrar aquellas palabras claves que nos abre la puerta de lo que necesitamos y que nos permitiría copiar, pegar y leer de manera superficial algunas partes realizando sin pudor un plagio generalizado.

El esfuerzo intelectual dedicado de investigar para seleccionar, leer de manera significativa, interpretar, analizar todo lo que se nos presenta y establecer con pensamiento crítico lo que es el resultado de nuestra indagación y posterior opinión, acto superior del ser reflexivo que se cultiva en nosotros y que caracteriza lo que somos y debemos ser, cada vez más se aparta y se abandona en manos del portento tecnológico que sustituye al hombre en su tarea de reflexionar y escoger, determinar y proponer, decidir y ejecutar por sí mismo y colectivamente.

A un chico de hoy no le pidamos que lea o investigue, ni siquiera que te escriba porque además de manifestar su indisposición de hacer ambas tareas, tristemente lo hace mal, con desgano, con errores, con fastidio, con ese no querer que se refugia en ignorar el consejo que le dan los mayores, la exigencia indispensable de responsabilidad si eres un buen padre, un tutor, un instructor, un amigo, una persona dedicada que piensa y actúa en favor del futuro de la generación que está aquí ahora mismo, y que se nos manifiesta como es sin mayores miramientos.

Con estas observaciones no digo que no tengamos chicos muy valiosos y prometedores que representarán a la nueva y mejor Venezuela en todos los aspectos, pero necesitamos con urgencia, a todos en su particular potencialidad y compromiso.

 

Los padres, los maestros, las buenas escuelas y colegios, las prácticas y hábitos de la sociedad en general, más allá de esa misma sociedad inmediatista, superficial, desentendida, indiferente que ya no lee o escribe, que ya no tiene bibliotecas en nuestro medio, a diferencia de todas aquellas maravillosas que se han multiplicado en tantos sitios en las ciudades principales del mundo desarrollado que no abandona la importancia de la cultura y de la formación del ser humano para la libertad, el conocimiento, el trabajo, la investigación y la realización de las ideas innovadoras y útiles, tenemos, todos tenemos, y desde luego los gobiernos de las ciudades, de las regiones y de la Nación, una tarea trascendente, inmensa y necesaria del rescate de la lectura y del trabajo intelectual y creador desde las primera edades.

La lectura debe ser un hábito diario que debemos valorar en todo lo que representa para nuestro conocimiento y para la expresión de todo lo que hacemos. La inteligencia artificial tiene que ser un auxilio, un recurso, pero no puede sustituir al hombre independientemente de su nivel de avance. La máquina no puede ni debe reemplazar a la persona, al individuo, a la sociedad, al ser humano. Debemos diferenciar entre los recursos y nuestra propia capacidad como individuos y como colectivo.

No podemos reducirnos a dar a un chico cosas, dinero, aparatos, lo que quiera creyendo que lo hacemos bien sin que valore los esfuerzos, los sacrificios, merecer y agradecer desde luego, a fin de que nosotros podamos dedicarnos a todo aquello que nos exige este modelo de vida social y personal.

Me sorprendió terriblemente al hablar con los jóvenes sobre lo que es para algunos una familia y la respuesta que me dieron: una familia es para que me den todas las cosas que pida y, en conclusión, para que los padres paguemos a su satisfacción lo que ellos aspiran por haberlos traído a este mundo, la despiadada monetización de la vida y de las relaciones.

Terrible situación es lo anterior que sujeta al hogar, a la pareja, a los hijos, por ejemplo, a una cosa física y vacía que reduce a la vida familiar a un espacio frío, un lugar sin encuentros significativos donde las peticiones se limitan a dar objetos y no conversar, mientras que la educación, la verdadera educación y formación de la persona se abandona en sentimientos, en valores, en ejemplos, en compromisos, en deberes, en una sociedad indiferente, escasa, superficial, de vanidades crecientes y de profundos abandonos humanos.

Volvamos a leer, amemos a lo libros, amigos de toda la vida que nos acompañan, el libro viejo, el libro nuevo: la letras, las imágenes, las frases, los párrafos, los textos que suponen ideas extraordinarias y maravillosas que nos permiten realizar lo que soñamos, lo que somos como seres pensantes, inteligentes, y que a través de ellas, las nobles, las sencillas o las grandes ideas, dialogamos, organizamos, construimos las realidades, todo aquello que las palabras revestidas de profundo significado nos sugieren y nos señalan como propósito y objetivo edificante de la vida.

Construir una sociedad más reflexiva, ilustrada, comprometida, solidaria, amable, generosa que hace de la cultura su pilar, su medio para trascender e impulsarse a superar los retos que nos exigen cada vez.

La cultura se preserva y se realiza de tantas formas pero en los libros, en la escritura y en la lectura resplandece desde que el hombre inventó las letras, los símbolos y su significado, la mejor manera de identificarnos y de perpetuarnos a lo largo del tiempo, de los siglos, desde el comienzo mismo de la humanidad.

La lectura más que un buen hábito es una forma de vivir y trascender, de perpetuar nuestro legado como seres humanos y como sociedad pensante, reflexiva y realizadora.

Las letras, las palabras, cuando se unen y pronuncian expresan sentimientos, ideas, propósitos, sueños, realidades salidas de la mente, del alma, del corazón, como sólo lo puede manifestar el hombre, la vida, el amor, que no puede sustituir como realización propia y relevante del ser humano ninguna inteligencia artificial.

La palabra con sentido y con verdad, con amor y sentimiento sincero y honesto, comienza a ser en muchos casos, una realidad que se construye y fortalece dentro de nosotros mismos como paso previo para que sea de todos.

(Tomado de El Universal, Venezuela, 08/03/2026)

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Manuel Torres N

    La gran compañía de la lectura !!

  2. Alcides García

    Genial reflexión… los libros son amigos para toda la vida!

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