José Félix Díaz Bermúdez
A escasos días de haberse celebrado el Día Internacional de la Mujer, el 08 de marzo, atento a las realidades del mundo, el papa León XIV, conocedor profundo de las realidades de América Latina, ha realizado un significativo llamamiento sobre la condición de la mujer en medio de la familia, la sociedad y de los problemas fundamentales de nuestra época.
Su mensaje ha sido relevante al advertir, a nombre de la Iglesia Católica, la significación que ella tiene en los más diversos planos y cómo injustísimamente es continuamente víctima de diversos hechos de violencia en la vida cotidiana, de las relaciones de pareja y de familia, por ejemplo, y de manera evidente en el plano social cuando se le disminuye, limita, margina, denigra, persigue, humilla y se le somete a las más inaceptables situaciones.
De manera relevante en su mensaje papal coloca a la mujer en el centro de los conflictos actuales destacando su rol de mediación, afirmando que: “En un mundo a menudo dominado también por un pensamiento violento, habría que apoyar aún más el genio femenino, como afirmaba San Juan Pablo II, el ‘genio de las mujeres’, protagonistas y creadoras de una cultura del cuidado y la fraternidad indispensable para dar futuro y dignidad a toda la humanidad”.
Esa condición natural propia de ella y que se manifiesta en la familia, en el hogar y en el trabajo, se extiende y manifiesta al mismo tiempo en la sociedad, y existen numerosos casos de mujeres que asumen responsabilidades públicas de manera efectiva, por haber proyectado cualidades propias a favor de la administración correcta de recursos, la atención a las fundamentales prioridades familiares y sociales y la toma de decisiones.
En atención a esos atributos que le son propios y por el rol relevante que pueden ocupar, a juicio del Papa, es por lo que son víctimas de violencia y: “son golpeadas y asesinadas” por representar ellas mismas el lado opuesto a esa forma de violencia que las amenaza en distintos países.
Buena parte de la preocupación apostólica se refiere a los casos de violencia doméstica que se suceden terriblemente en diversos lugares, y más en aquellos en los cuales la cultura se basa en sistemas de sometimiento y posesión ajenos a la verdadera dignidad del ser humano.
Además de esta dimensión del tema de la mujer en las relaciones de pareja y en el hogar, hay que considerar el rol de la mujer en su dimensión política y de cómo tenemos cercanas evidencias de injusticias al respecto cuando se les limita sus derechos, se les acusa y se les persigue, se les amenaza y se les pretende excluir del rol activo y decisorio que puede corresponderles por sus méritos sociales y su proyección extraordinaria.
Además de su rol como madre, como hijas, como esposas y otros, en la Carta a las Mujeres de 1995, dictada bajo el pontificado de San Juan Pablo II, éste de manera relevante expresó a favor de la mujer el: “reconocimiento de todo lo que va unido a los derechos y deberes del ciudadano en un régimen democrático”.
Ante las graves carencias de la sociedad actual, Juan Pablo II apreció con una visión extraordinaria la necesidad de una mayor presencia de la mujer en el presente y en el futuro; la urgencia de superar formas atrasadas de trato en las cuales se evidencian formas de esclavitud, de violencia machista y la realidad del aborto contrario cuando es contrario a la vida, al derecho, a la dignidad de la mujer.
Tan relevante ha sido la manifestación católica a favor del valor de la mujer que Juan Pablo II le dedicó numerosos documentos y entre ellos la Carta Apostólica MULIERIS DIGNITATEM, en la cual nos recuerda que: “La mujer se encuentra en el corazón mismo de este acontecimiento salvífico”, que no tiene otro nombre lleno de fortaleza, verdad y majestad, que el de María, la madre de Cristo.
La mujer está en el centro de la familia, de la sociedad, de la vida y de la fe. Su rol es esencial y relevante y se debe rechazar cualquier forma de violencia personal y familiar, así como impedir todo aquello que atente contra su presencia en la vida ciudadana, tal y como lo demanda la justicia y el derecho contemporáneo, tal y como lo exige como parte de su doctrina más relevante la Iglesia Católica.
(Tomado de El Universal, 15/03/2026)
Imagen principal, El Colombiano.




