José Félix Díaz Bermúdez
(Imagen principal: Oleo de Tito Salas, Panteón Nacional de Venezuela, Bolívar en el Monte Sacro, 1805)
Entre las más destacadas esculturas realizadas en diversas épocas y, en particular, en aquellas de las fechas centenarias o sesquicentenarias en homenaje al Libertador Simón Bolívar, varios de los grandes maestros italianos han ejecutado piezas monumentales resaltantes por su indudable calidad artística, por su trayectoria, por la investigación de los rasgos fundamentales y significación de nuestro héroe.
La admirable y simbólica estatua ecuestre erigida en la Plaza Bolívar de Caracas, en lo que fuera en el pasado nuestra Plaza Mayor, es obra del gran escultor italiano Adamo Tadolini (Bologna 1788-1868), inaugurada en el gobierno de Antonio Guzmán Blanco en 1874. La misma es copia de la original levantada en Lima, ubicada al frente del Congreso de la República, ejecutada en los años 50 de aquel siglo XIX.
El artista Tadolini venía de formar parte de una tradición artística importante enraizada en el neoclasicismo que inspiro, por ejemplo, la obra diversos escultores italianos que en varias ciudades Latinoamericanas dejaron huellas en el ornato, en el arte y en la historia de capitales que albergan sus producciones.

Esta obra sobre el Libertador, originariamente limeña, sirvió de inspiración a otra posterior del notable artista italiano Pietro Canonica (1869-1959), la cual se encuentra en Roma y fue colocada en el año de 1934. La misma tuvo que sufrir algunos cambios de ubicación.
Sobre su hermosísimo caballo, la figura de Bolívar se orienta hacia su lado izquierdo contemplando el horizonte con señalada dignidad. Inscrita su historia en un pedestal de mármol claro con vetas, luce grandiosa y se proyecta sobre un parque en el cual existen otras esculturas de importancia. El caballo parece ir en marcha con serenidad y elegancia mientras el héroe toma con su mano izquierda las riendas y asegura su paso vencedor.
Le correspondía a Bolívar ya triunfante, ya cumplido su propósito inicialmente manifestado allí en Roma en el año de 1805, volver a la tierra italiana, allí ante la antigüedad y los siglos, habiendo jurado, tal y como lo había hecho en ese viejo mundo realizar en el nuevo mundo la proeza de la libertad humana.
La estatua se emplazó en las cercanías de la Vía de las Bellas Artes, sitio apropiado y resaltante de esa extraordinaria capital. En su lugar actual, consta en una placa fechada el 19 de abril de 1960, que un puño de tierra americana fue llevado allí desde uno de los campos de batalla en el que estuvo victorioso el héroe como símbolo de tantas luchas y victorias.

Su frente amplia, su cabello ondulado, sus ojos expresivos, sus labios finos, su rostro tal y como fue adquirieron en esa estatua una dimensión heroica singular, como si su nueva naturaleza inmortal lo hiciera diferente y mirara con serena grandeza la historia que le rodea.
Este bronce representa, a mi juicio, como sí Bolívar regresara a Roma y anduviera a caballo por las calles en medio los foros, los arcos, los monumentos, los edificios que ahora reconocen al héroe del tiempo moderno que en vez de sojuzgar liberó y le asignó, como ninguno, al sentido de la grandeza y de la gloria, una magnitud extraordinaria.
En simbólico bronce Simón Bolívar se perpetúa en Roma, la ciudad universal, fundamental, excepcional, eterna, inmortal, la capital del mundo antiguo, la que como ninguna otra ha influido en el moderno que no se explica sin su legado, su historia, sus prohombres, su derecho, sus letras, sus victorias, sus construcciones porque hasta los extremos del mundo donde Roma levantó su espada victoriosa y dominadora han perdurado sus columnas, sus anfiteatros, sus estatuas, sus acueductos, sus obras que demuestran de mil formas lo que significó su genio y representa su legado.
Además de escultor, Pietro Canonica, fue senador italiano, un hombre de Estado, de respetada significación.

Es importante mencionar que para la concreción del proyecto artístico resultó determinante la gestión del diplomático e historiador patrio Dr. Cacciolo Parra Pérez, entonces Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Italia.
Un hecho singular en el acto de inauguración de la Estatua Ecuestre de Bolívar en Roma fue que entre los discursos pronunciados en su honor, además del de Parra Pérez, se encuentra el que diera el dictador italiano Benito Mussolini en los siguientes términos: “Las elevadas palabras pronunciadas por el Sr. Parra Pérez ya os han dicho, sus señorías, la importancia de erguir bajo el cielo de Roma un solemne recuerdo del puro héroe americano, Simón Bolívar. Agradezco al señor Ministro, a los presidentes de las repúblicas de Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela, los excelentísimos señores Salamanca, Olaya Herrera, Velasco Ibarra, Arias, Benavides y Gómez quienes en nombre de sus pueblos han querido dar a Roma, madre y alma de vuestra y nuestra latinidad el regalo agradecidísimo y muy significativo del monumento a Simón Bolívar”.

Allí está desde entonces Bolívar en la Roma inmortal mirando los siglos anteriores y esperando la virtud y trascendencia de los que nos esperan.
(Tomado de El Universal, 01/02/2026)






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Estupenda reseña