José Félix Díaz Bermúdez
La reciente victoria en Brasil del candidato derechista Flávio Bolsonaro, quien ha alcanzado la mayoría de los votos en la primera vuelta electoral presidencial frente al actual mandatario socialista Luis Ignacio Lula Da Silva, representaría en caso de ganar la segunda vuelta presidencial prevista para el 25 de octubre próximo, un decisivo y afirmativo avance en el nuevo y generalizado proceso de transformación política en América Latina, que cuenta hoy, a diferencia de décadas pasadas, con un total de doce (12) gobiernos democráticos de igual signo ideológico con un planteamiento similar y con un evidente respaldo popular interior, así como aliados internacionales de relevancia. De triunfar en Brasil el indicado candidato, sumaría en total 13 gobiernos.
La realidad indica que salvo fundamentalmente los gobiernos de Cuba y Nicaragua, regímenes aislados y cuestionados, profundamente rechazados por sus respectivos ciudadanos, por ejemplo, el mapa político de nuestro continente se modificó profundamente dejando atrás gobiernos que no obstante sus postulados ideológicos, en la práctica, fracasaron al no haber obtenido resultados favorables para las mayorías y al haber asumido modelos autoritarios, populistas, ineficientes, corrompidos, contrarios a las necesidades de la sociedad.
Brasil, que en algún momento se consideró diferente al resto de los países latinoamericanos por su extensión, idioma, cultura y condiciones particulares, ha evolucionado formando parte, con algunas ventajas, de un mismo contexto que con rasgos comunes entre todos los países, no obstante sus diferencias, evolucionan en un sentido similar a favor de gobiernos que privilegien el crecimiento, la inversión, la propiedad privada, que fomenten la actividad empresarial, que estimulen el esfuerzo y el trabajo individual y se deslinden de esquemas ajenos a nuestra realidad geopolítica americana vale decir Rusia, China e Irán.
En ese contexto, el candidato Bolsonaro que se vislumbra como el próximo presidente de Brasil en virtud del reciente resultado obtenido en la urnas, que mejora al día su posición por las alianzas internas que le fortalecen en lo interno, por el respaldo internacional que está recibiendo, en particular de los Estados Unidos, y la cercanía y afinidad que se observa con Argentina, Chile, Perú y Colombia, entre otros, desarrollará, tal y como lo ha anunciado, una política exterior que fortalecerá la soberanía de Brasil y su vinculación con el resto de los actuales gobiernos derechistas de la región.
En tal sentido, un nuevo ejecutivo y legislativo en Brasil, en el cual el partido de Bolsonaro también alcanzó un excelente resultado, se caracterizará por las siguientes orientaciones:
1. Se incorporará a la lucha contra el terrorismo internacional respaldando iniciativas y acompañando las políticas que ha inspirado el gobierno de los EE.UU. Al respecto, Bolsonaro ha señalado que: “Vamos a declarar la guerra al crimen organizado. El PCC, el CV, las milicias y todas las demás facciones serán declaradas organizaciones narcoterroristas. Se las combatirá con fuerza, inteligencia e integración para que sus líderes sean detenidos y sus negocios ilícitos, asfixiados”.
2. En materia territorial, con evidente incidencia en el caso de su vecino Venezuela, Bolsonaro plantea el reforzamiento de las fronteras en el territorio brasileño. Esta política afectará sin duda a la migración y a los grupos ilegales que actúan en esas regiones involucradas a distinto tipo de delitos. “Hoy contamos con 16.000 kilómetros de fronteras abiertas y un despliegue de un policía por cada 100 kilómetros. Ese descontrol total se acabará. Crearemos el Sistema Nacional de Fronteras, una fuerza de élite integrada por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea Brasileña —equipada con armamento de guerra, inteligencia y tecnología—, encargada de levantar un muro infranqueable en la frontera”.
3. En materia de narcotráfico, no obstante las diferencias en la situación de otros países del área, Bolsonaro se compromete a que Brasil dejará de ser: “…uno de los mayores exportadores de cocaína del mundo. Nosotros utilizaremos tropas especiales de la Marina y de la Fuerza Aérea para ocupar y vigilar, de forma permanente, los puertos y aeropuertos brasileños”.
4. En materia de Economía, representando Brasil la principal potencia económica de América del Sur, ha expresado que: “Vamos hacer crecer a Brasil, y ese es un compromiso central de nuestro gobierno. El país creció, en promedio, un 2 % anual en las últimas dos décadas, menos que el resto del mundo. Nuestra meta es duplicar ese ritmo y alcanzar un crecimiento sostenido del 4 % anual a lo largo de la próxima década, apoyado en la inversión privada, en la seguridad jurídica y en la competitividad del sector agropecuario, de la industria y de los servicios.”.
“…Y la soberanía no comienza lejos, comienza en casa”, ha proclamado el candidato, cuestionando al gobierno de Lula Da Silva por sus alianzas políticas internacionales, y por las carencias internas en materia de seguridad de la población. “De nada sirve que un país alce la voz contra enemigos lejanos si no protege a sus propios ciudadanos… Un país solo se hace respetar en el mundo cuando protege primero a los suyos…” “Mucho alineamiento ideológico, ningún beneficio para Brasil: ni comercio, ni inversión, ni respeto”, afirmó.
El acercamiento a sus futuros socios Argentina y los Estados Unidos por ejemplo; la atracción de inversiones y la apertura comercial; la defensa de los intereses de Brasil, de sus productores, empresas y trabajadores; la incorporación a los principales polos económicos, tecnológicos y comerciales de mundo, forman parte de sus grandes propósitos.
Lo anterior presagia una futura política internacional de Brasil al lado de los principales países desarrollados de occidente opuestos al terrorismo; a la influencia de países no democráticos; el fortalecimiento de los lazos con gobiernos de derecha internacionales de Norteamérica y Europa y, en el caso concreto de Venezuela, respaldando nuestra transición democrática, tal y como se lo hizo saber de manera directa y significativa en Oslo, Noruega, a María Corina Machado, al momento de ella recibir el Premio Nobel de la Paz 2025 comprometiéndose ambos a respaldar en el continente: “la justicia y la democracia”, tal y como lo expresaron.
(Tomado de El Universal, 11/10/2026)





