José Félix Díaz Bermúdez

Uno experiencia inolvidable, muchas veces única e irrepetible en la vida, es la que acabo de vivir en Valladolid en ocasión al Eclipse de sol total que se acaba de producir. Al verificarse, en segundos, la atmósfera cambió, empezó a oscurecerse todo, se produjo un extraño silencio como sí hubiésemos perdido al sol. Los que estaban en el sitio más elevado de la ciudad, conocido como la Feria, al lado del Estadio de Fútbol «José Zorrilla», procedían de distintos lugares de España, del extranjero y de la ciudad.

España en su historia astronómica ha sido un sitio privilegiado donde han sido observados los eclipses totales de sol. En los años 1860 y 1870, ocurrieron dos de ellos los cuales atrajeron a investigadores y científicos de todo el mundo.
(Foto tomada por Ernesto Díaz Machado, Valladolid, 12/08/2026)

De la misma manera, se apreciaron en la península también los eclipses totales de 1900 y de 1905, y uno parcial en 1912, que fueron muy importantes para la ciencia en comienzos de siglo.
Lo cierto, es que no podemos vivir sin el sol y de la luna desde luego, ambos cumplen para nosotros efectos vitales, y en esos breves segundos que ha durado el ensombrecimiento de la tierra en España, valoramos nuestro astro y nuestro satélite como parte de la armonía maravilloso representada en el espacio, galaxias, sistemas, planetas, estrellas en la complejísima y caprichosa forma conque se ha compuesto el cosmos aún infinito y variable, aún por explorar.
Al final de la jornada miles de ciudadanos regresaron a sus casas y muchos de ellos caminando con el rápido andar de los españoles, asombrados en su mayoría del fenómeno que acabamos de observar.






