¿Cuántos Muros Más Contra la Libertad?

Berlin 10.11.1989 Soldaten der DDR stehen in einer Reihe vor der Berliner-Mauer am Brandenburger Tor, auf der Mauer sitzen und stehen Menschen. Fotograf: Grahn

 

José Félix Díaz Bermúdez

El 09 de febrero de 1989, en horas de la noche en las inmediaciones del canal de Britz, en aquella Berlín dividida por el mando soviético, un joven alemán de escasos 20 años, Chris Gueffroy, cayó abatido a tiros disparados por los guardias del lado este en el momento en que intentaba huir de la Alemania comunista hacia la Alemania libre, para dejar atrás la opresión que existía y superar el Muro de Berlín.

Su muerte dolorosa, terrible, injusta y cruel, constituía uno de tantos intentos anteriores de hombres y mujeres que allí donde se erigía la ignominia de la separación de la ciudad, se había establecido la diferencia entre los que estaban del lado negador de sus derechos, el Este, y el lado en el cual la libertad y la democracia, el Oeste, porque el Muro de Berlín separó por largas décadas vidas, personas, familias, sueños, esperanzas, valores y principios esenciales, impidiendo reencuentros necesarios en una Nación destruida por la guerra.

[capt Berlin, BDR, DDR, Fall der Berliner Mauer am 10. November 1989,     (AP Photo/Archiv).[/caption]

Pero el fallecimiento de Gueffroy, en plena y prometedora juventud, no era sino una de decenas de muertes provocadas por la opresión soviética allí, desde el comienzo mismo de esa frontera impuesta, cercenadora de la libertad del hombre. Nadie podía ir de uno a otro lado, nadie podría reencontrar a su familia, nadie podía aspirar otro destino, nadie podía pensar y actuar diferente a lo que el régimen del lado Este representaba.

La primera persona en caer en el intento de superar aquel muro erigido a partir del 12 de agosto de 1961, fue Ida Siekmman, mujer de origen polaco, de 58 años de edad, quien en un acto de desesperación saltó desde la ventana de su casa el 22 de agosto de ese año, diez días después de haberse colocado la insólita alambrada para tratar de superar aquella brecha cada vez más profunda, elevada y vigilada entre la libertad y la opresión.

Hoy en día, en el lugar en que murió aquella mujer, se levanta un memorial que recuerda su valor y sacrificio, y que la señala como la primera víctima en el Muro de Berlín como consecuencia de la Guerra Fría.

Entre este caso y aquel primero se estima que unas 140 personas a lo largo de esos años fueron víctimas de todo lo ocurrido en el señalado lugar.

A Gueffroy, esa noche, le acompañó un amigo, pasaron por el barrio de Treptow ubicado en el este de Berlín, se dirigieron hacia el canal de Britzer, con agilidad lograron superar con ayuda de un gancho el primer muro, pero al intentar traspasar una valla metálica de dos metros de altura las alarmas se encendieron, los guardias dispararon sus ráfagas de tiros, y cayó allí aquel joven mientas que su amigo gravemente herido fue trasladado y hecho prisionero en una cárcel del régimen de Alemania Oriental.

Desde ese momento final transcurrieron 09 meses hasta que, finalmente, el Muro de Berlín fue derrumbado como parte de la caída del régimen soviético en esa parte de Europa.

Aquel 09 de noviembre histórico de 1989, el pueblo de esa parte de Berlín oriental se acercó masivamente a los puntos de control, luego del aviso de su supuesta apertura, y los guardias superados e impulsados por el pueblo de aquella parte de la ciudad los dejaron pasar y comenzó su destrucción.

Berlin 10.11.1989 Soldaten der DDR stehen in einer Reihe vor der Berliner-Mauer am Brandenburger Tor, auf der Mauer sitzen und stehen Menschen. Fotograf: Grahn[/caption]

La libertad, la sagrada libertad, es el mandato de la vida; es el derecho de los hombres; es y debe ser el destino de los pueblos. Sin libertad se niega al individuo y se somete a las naciones. Sus enemigos, donde quiera que existan, son los verdugos; los héroes que se empeñan por ella, son los libertadores; los opresores siempre serás los tiranos, los agentes serviles de la tiranía.

La libertad como la vida es superior y es un derecho irrenunciable. Sí la democracia es democracia verdadera y auténtica, la fomenta, la protege, la asegura, salvaguarda los derechos del hombre por encima de todo; establece y hace cumplir la ley justa, la ley recta y su proceder está ajustado al derecho que no humilla, que no se corrompe, que no se degrada ofendiendo al ser humano y sometiéndolo a la peor de las condiciones.

La sociedad debe ser libre, y el Derecho regula y protege esa libertad maravillosa que es de la esencia del hombre mismo. El gobernante recto, sabio, digno, auténtico, conocedor de su deber superior y su servicio, obedece a la Nación y honra la libertad del inocente. No tiene víctimas que lo señalen; no tiene quien lo acuse con fundamento sus delitos.

El hombre justo es el preferido de la historia; el injusto ella lo acusa y lo desprecia y escribe su nombre entre los indignos. La historia, por el contrario, escribe el nombre del hombre de bien y lo eleva con mérito ante los otros y lo proyecta hacia las generaciones del futuro como un astro que permanece y brilla sobre los caminos y los campos, sobre las montañas y los mares, sobre todo lo que habita y perdura en la conciencia pura y eterna de los hombres.

Estamos a favor de la libertad y del derecho, de la justicia y de la democracia, de toda idea y sistema que haga bien a los hombres y que reconozca su valor, su dignidad, lo mejor de las civilizaciones, el legado eterno que levanta a las naciones y las forma una sociedad de hombres libres, responsables y dichosos, iguales, plurales, fraternos entre ellos, respetables independientemente de la condición, respetables independientemente de la idea salvo aquella que sirva y que se use para destruir a los demás.

El Muro de Berlín ha caído al impulso de la verdad y de la historia contra todo sistema de opresión y violencia pero a pesar de su final y la lección que se desprende de ello ¿cuántos muros más existen? ¿cuántos más se han levantado y se levantarán a causa del poder desmedido, de la ambición, del bastardo interés y del instinto ruin agresor, despiadado y criminal de unos contra otros?

El Muro de Berlín, así como cualquier otro muro, tiene que terminar cada vez que el odio y la injusticia se establezca, cada vez que una ideología o un sistema intente destruir ilegítimamente los derechos del hombre, la dignidad y la libertad de una Nación en cualquier parte del planeta.

(Tomado de El Universal, 22/02/2026)

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