José Félix Díaz Bermúdez
Venezuela es un pueblo luchador; Venezuela es un pueblo con determinación; Venezuela es un pueblo que se empina sobre sus desgracias y hace frente a cualquier adversidad.
Venezuela no se rinde, ni se puede rendir, y no lo ha hecho nunca en medio de tantas calamidades que ha vivido en el pasado lejano y el cercano, en todos los momentos en los cuales, por diversas razones, ha tenido que enfrentar a los peores enemigos y a las peores circunstancias.
Condición de templanza que le viene de adentro: carácter, fortaleza, resolución que en tantos momentos de su historia difícil ha exhibido con creces, una y otra vez superando todo lo que se le ha opuesto, por encima de todo lo que se nos ha negado.
Venezuela es un pueblo templado en el fuego de la lucha: de la guerra, de las batallas, de la adversidad, y qué casualidad que ocurriera el telúrico y desastroso evento de los terremotos que vivimos este mismo 24 de junio, cuando nos disponíamos a recordar la victoria de Carabobo con la cual el Libertador nos señaló, luego de haber vencido, con simplicidad extraordinaria, como si aquello no hubiera costado tantas cosas: “Ahora pues sois libres”.

En aquel jueves santo doloroso, cuando la constricción y la piedad de los ciudadanos se agolpaba en las Iglesias de Caracas, en aquellos templos coloniales solemnes donde las alabanzas y las oraciones demostraban su fe incomparable, el terremoto del 26 de marzo de 1812 sacudió los cimientos de toda la ciudad, de la República, desde los andes hasta el oriente, castigada fieramente nuestra Provincia principal, hecho que aprovecharon algunos para acusarnos por habernos levantado contra la autoridad real y transformarnos en una nación rebelde como fuimos llamados entonces.
Ante aquel hecho, el señalamiento de que éramos castigados por Dios por nuestra errada determinación política, Bolívar, aquel mantuano peligroso, tal y como lo denominó Miranda una vez, se alzó ante las ruinas, apartó a un sacerdote que nos acusaba, y enfurecido, fuera de sí, elocuente en la desgracia y la derrota, expresó: “¡Sí la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”.
No se conoce en la historia de los pueblos héroe con mayor coraje, arrebato, determinación que Bolívar al inspirarnos desde entonces a superar nuestros obstáculos para destruir la tiranía, nuestros miedos, nuestros complejos, vencer a nuestros malhechores, y marchar por los caminos de la historia y triunfar cada vez que le era obligante a Venezuela
Estos sismos terribles que han acabado tantas vidas, que han destruido tantos sitios, calles, edificios, nos obliga con mayor determinación que nunca a recomponernos, a levantarnos con coraje y con fe en la tarea de alcanzar nuestros propósitos para la reconstrucción de Venezuela, reaccionando ante la desgracia, superando nuestros antiguos males, asumiendo deberes y tareas, escogiendo el mejor liderazgo porque ya no podemos demorarnos más y no asumir nuestros deberes, y no entender nuestra hora esencial al no utilizar sabiamente nuestros recursos para nuestro beneficio sobre la base de un bien pensado y dirigido plan nacional de largo alcance que nos comprometa de una vez, no por los breves años de un gobierno, sino para los dos o tres siglos que vienen con el propósito claro de un país democrático, libre, desarrollado, incorporado a los más exitosos del mundo, recto, justo, ilustrado, civilizado; no el país de los objetivos cortos y vacíos que inspiran los hombres ignorantes sino aquellos que realmente motivan a las naciones superiores para levantarse otra vez sobre sus ruinas, sus ruinas morales, sus ruinas políticas, sus ruinas sociales, sus ruinas espirituales: violencia, injusticia, incapacidad, corrupción, indiferencia, sometimiento a los peores males de todo lo que no nos ha permitido avanzar sostenidamente hacia lo que otros países han logrado en materia de desarrollo material, social, cultural, económico y político, las primeras naciones con menos recursos materiales que nosotros.
Venezuela tendrá que oponerse esta vez a la naturaleza y asumir con un propósito claro de lo que debemos realizar como sociedad justa, moderna, ilustrada, democrática, próspera, organizada, desarrollada, finalmente, para el verdadero bienestar de su gente y el futuro admirable de las próximas generaciones.
(Tomado del diario El Universal, 28/06/2026)





