Petróleo, 50 Años de la Nacionalización.

 

José Félix Díaz Bermúdez

Hace 50 años, el 1 de enero de 1976, se produjo uno de los acontecimientos más resaltantes de la historia moderna de Venezuela: el inicio del control soberano de la Industria Petrolera como consecuencia de lo dispuesto en la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, dictada por el Congreso de la República el 29/09/1975, acto de ejemplar nacionalismo, sereno y consensual, respetuoso de los derechos soberanos del país, respetuoso de los derechos de las empresas petroleras extranjeras realizado en el marco de buenas relaciones bilaterales entre nuestro país y los Estados Unidos de Norteamérica, y nuestra afirmativa presencia política en América Latina y en el Tercer Mundo como país confiable, proveedor seguro de materia prima y productos, de notable crecimiento social, económico y estabilidad política.

(Carlos Andrés Pérez, 01 de Enero de 1976, Nacionalización Petrolera)

Gracias al liderazgo político del presidente Carlos Andrés Pérez se llevó adelante ese proceso que previamente tuvo como antecedente la Nacionalización del Hierro, el 01 de enero de 1975, acto en el cual expresó: “Hemos nacionalizado el hierro no para negarlo a la cooperación internacional sino para entregarlo a la construcción de una patria independiente y auténticamente soberana…”. Señalando igualmente con respecto a los hidrocarburos que: “Vamos a realizar una nacionalización sin aventuras, reflejo de una Nación madura, seria, reflexiva y racional que de ninguna manera permitirá que el petróleo sea instrumento de subordinación o dependencia ni medio de agresión o de perturbación internacional”.

Este hecho patriótico se efectuó de manera distinta a otros procesos de nacionalización sujetos a conflictos, amenazas, enfrentamientos, tensiones internacionales, como fueron, por ejemplo, el de México en 1938, y el de Irán en 1953, que inclusive degeneró en un golpe de Estado.

(Carlos Andrés Pérez, Nacionalización del Hierro)

En ambas situaciones, Venezuela honró sus compromisos económicos e indemnizatorios con las empresas salientes; celebró importantes convenios de asesoría técnica y de servicios que permitieron con apoyo de las mismas y obtuvo el respaldo del gobierno norteamericano logrando, en consecuencia, efectuar sin interrupciones una transición organizada a favor de la plena operatividad del negocio petrolero nacional en manos de los venezolanos, lo cual evidenció vínculos estrechos y relaciones constructivas que favorecieron a nuestro país.

Las empresas extranjeras como consecuencia de la Nacionalización petrolera, recibieron en compensación la suma aproximada 10.000 millones de bolívares para la época, de los cuales la República entregó la mitad, y el resto se destinó a un: “Fondo de Garantía” asegurando la permanencia de los convenios señalados.

La presencia de un nacionalismo irracional y desmedido no fue necesario para el logro de estas medidas soberanas ejecutadas, tanto en lo interno como en lo externo, con el debido consenso de las fuerzas políticas, económicas y laborales del país, demostrándose de esa manera la autoridad política, social, económica y gerencial de un país reconocido como uno de los más estables e influyentes del continente.

(Postal del Reventón, Venezuela)

sta realidad fue destacada por Carlos Andrés Pérez en los siguientes términos: “En Venezuela el disentimiento debe producirse de manera clara y abierta. No solamente no lo tememos sino que lo deseamos. La democracia se fortalece en la crítica y en la polémica. Pero demanda autenticidad en el gesto y en la acción, y compromiso de solidaridad en las materias de alto interés nacional que deben estar por encima de la controversia pasajera”.

La defensa de los precios del petróleo fue activa y sostenida en diversos escenarios, entre ellos en la OPEP – iniciativa del presidente Rómulo Betancourt y su Ministro de Minas, Juan Pablo Pérez Alfonzo-, y en el caso concreto de las nuestras relaciones con el gobierno norteamericano, el presidente Pérez demandó al Presidente Ford el reconocimiento de condiciones justas y dignas en el intercambio comercial; la aceptación de un precio justo para nuestras materias primas; y en el caso concreto del petróleo, le demostró que su valor en el mercado de esa época estaba muy por debajo de otros productos menos significativos.

(Venezuela, Ahora, Ubicación, 1975)

Carlos Andrés Pérez, a nombre de Venezuela, supo conducir una relación bilateral para el logro de nuestros objetivos como fueron las referidas nacionalizaciones; la continuidad y el crecimiento de nuestra Industria petrolera; la permanencia de un valioso intercambio político y económico con América Latina y los Estados Unidos, y logró, igualmente, incidir de manera decisiva en diversos asuntos fundamentales para la región, como lo fue entre otros: el rescate del Canal de Panamá, hecho que se produjo durante el gobierno del presidente norteamericano Jimmy Carter, con quien sostuvo los más cordiales vínculos de cooperación y obtuvo los mejores resultados políticos.

La creación de Petróleos de Venezuela, PDVSA y su indudable significación como una de las principales empresas del mundo en el sector energético, su colocación en el mercado, su credibilidad internacional, su determinante influencia en el sector petrolero, sus estratégicas inversiones internacionales, inclusive en los Estados Unidos, son un hecho demostrado y significativo de lo que Venezuela representó como uno de los primeros países en América y el mundo.

Si bien durante los gobiernos de Pérez, Lusinchi y, finalmente, Caldera, se desarrolló la estrategia de diversificar nuestras relaciones comerciales petroleras hacia Europa y hacia Asia inclusive, lo cual en ese último mandato dio lugar el llamado proceso de Apertura Petrolera, hoy ante el escenario actual de Venezuela, resulta indispensable el reposicionamiento de Venezuela en el mercado energético de las Américas como una prioridad, ya que inclusive hemos sido desplazados por México y por Colombia, hecho que contradice nuestras ventajas locales, regionales e internacionales.

(Fundación de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo, a la derecha)

 

A nuestro criterio, el multilateralismo no debe implicar que dejemos de privilegiar la existencia de intereses propios regionales en la geopolítica de las Américas ante los cuales Venezuela no puede quedar en un segundo plano y menos aún aislada.

No podemos seguir sosteniendo un intercambio económico, comercial y político desventajoso para nuestro petróleo con empresas y países que no reconocen el justo y alto valor de nuestro principal producto del cual dependemos para nuestra subsistencia y bienestar. El retorno esencial del petróleo no puede ser otro sino el desarrollo efectivo del país en beneficio inmediato y tangible del pueblo venezolano.

No obstante las diferencias y desacuerdos que surgieron en el pasado en materia económica y petrolera por parte de algunos gobiernos democráticos frente a algunas posturas de los Estados Unidos, tal y como se evidenció por ejemplo en el último mandato de Caldera, se evidenciaron extraordinarios logros como fueron: la aprobación de importantes acuerdos y asociaciones estratégicas con respecto a la Faja del Orinoco, y el reconocimiento de la Orimulsión como bitumen natural.

(Pozo Zumaque 1, Venezuela)

Lo cierto es que la relación entre Venezuela y los Estados Unidos en materia petrolera tuvo impactos positivos en lo que respecta a la construcción de instalaciones, poblaciones, campamentos, hospitales y caminos; el suministro de tecnología y educación; la formación e incorporación de Recursos Humanos venezolanos en las mismas; el crecimiento de la balanza comercial; la integración social y cultural y el surgimiento de condiciones de trabajo dignas, salarios y beneficios, normas empresariales y contratos colectivos de trabajo, que fueron marcadores en la economía venezolana. Igualmente, lo fue también en materia de progresivo rescate de los derechos económicos de Venezuela, la obtención de mayores niveles de ingresos al patrimonio del Estado, hasta alcanzar la plena autonomía financiera luego de la Nacionalización.

Gracias al petróleo, Venezuela se incorporó al siglo XX, y el siglo XXI debe representar la diversificación de nuestra economía tantas veces prometida y relevante.

Por último, Venezuela, en el año 1999, fue la cuarta economía de la región, alcanzó una producción anual petrolera de 2.826 millones de barriles diarios, y un PIB estimado entre 105-110 mil millones de dólares. Hay estimaciones que indican que para el año 1998 nuestra producción se situaba en 3.120.000 barriles diarios (B/D).

(Fotos varias, inicio de la explotación petrolera)

Los pueblos de las Américas pertenecemos a la cultura occidental: herencia, realidad, tradiciones, costumbres, idiomas, intereses, aspiraciones que nos vinculan estrechamente; poseemos una misma geografía que nos aproxima; pertenecemos a un mismo continente que forma parte de nuestra identidad y nos obliga a definir estrategias comunes, relaciones provechosas, alianzas y compromisos que posibiliten, sin eufemismos, el desarrollo y bienestar efectivo para cada una de nuestras naciones.

Las nacionalizaciones del hierro y del petróleo en Venezuela constituyen en nuestra historia un destacado precedente de madurez política, entendimiento nacional, complementariedad operativa y técnica, capacidad política, gerencial, económica e, igualmente, el buen ejercicio de la soberanía y la independencia para bien de la Nación.

(Tomado de El Universal, Venezuela, 18/01/2026)

 

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